La primera vez fue en jardín de infantes, con un pintor a cuadros negros y azules y una curiosidad tan grande que no me entraba en el cuerpo. ¿Qué era eso que cantaban todos, mamá, papá, la abuela María y hasta la seño Marta, a viva voz, tiesos como en una formación militar, después de que la bandera llegara a lo más alto del mástil con el que jugábamos a las escondidas y estaba en el justo centro del patio de la escuela? La cantaban todos y todas, como se dice ahora, incluso los que no sabían la letra, como nosotros, los chiquilines de la “salita de cinco”, y farfullaban versos inventados, parecidos a los originales, pero nada que ver, como después harían toda la vida para que los otros, los más grandes, los entendidos, no se dieran cuenta de que no teníamos ni idea de que iba esa canción que habían pedido con un imperativo “ahora una que sepamos todos...”
En la Argentina, el Himno es como el fútbol, no se enseña, pero todos lo saben. Más o menos. Porque, si no se lo cantara en coro, sino en soledad, más de uno pifiaría mal los versos, sobre todo aquel que dice: “¡Ya su trono dignísimo abrieron/las Provincias Unidas del Sud!”, que cada uno canta como le viene en gana, balbuceando las palabras, inventándolas, esforzándose por esconder que no sabe lo que dice el original, maravilloso, de Vicente López y Planes y Blas Parera. Fue la abigarrada hinchada de Los Pumas la que reconoció, acaso sin quererlo, “la gaffe”. En la previa de los partidos, evitando cantar el Himno como Dios manda, impuso la moda de entonar la introducción con sus voces como un instrumento más. Y logró una versión impactante, llena de energía, celeste y blanca, y con el sol a pleno en el pecho, la emoción en la garganta.
Este año, empujado por la pandemia, renació un sentimiento de pertenencia a la patria, que se vio reflejado en las versiones del Himno Nacional.
Lo cierto es que se sepa o no lo que dice el Himno nadie tiene dudas de cuál es su espíritu, los valores que transmite, su significado, y lo que es todavía más importante, los sentimientos que despierta ni bien escuchamos sus primeros acordes. Inconfundibles, conmovedores, inolvidables. Al escucharlos vienen a la memoria tantos momentos, los actos escolares, las gestas patrióticas, los próceres, San Martín, Belgrano, la bandera, los Andes, el Billiken, el Cabildo, las ecarapelas, French y Beruti también la semifinal de Italia 90 con el Diego mascullando la bronca mientras todo a su alrededor era una rechifla devastadora, el Oro de la Peque Pareto en Río, todo eso que la Bersuit llamó, con precisión de relojero suizo, “la argentinidad al palo”.
Este año, acaso empujado por la pandemia, renació un cierto sentimiento de pertenencia a la patria, que para algunos es el lugar donde se ha nacido, para Rilke es la infancia y para Cristina es el otro. Y fue así porque, desde que se desató la crisis sanitaria que disparó el Covid-19, se ha extendido, y con razón, la idea de que la única forma de cuidarnos es entre todos, algo muy en contramano del individualismo extremo que proponen las sociedades basadas en el sálvese quién pueda y que hoy cuentan las víctimas por miles. Y el Himno cobró protagonismo, volvió tímidamente a ubicarse al centro de la escena.
Primero con XXL Irione, quien lanzó una versión rapera que, como él mismo contó, grabó en su casa, en plena cuarentena, mientras su mujer hacía la tarea con sus hijos. Fue su respuesta a los cambios que, a falta de una definición mejor, se llaman la “nueva normalidad”. Vive en Buenos Aires, trabaja en una usina termoeléctrica, así que es esencial, trabajó aún en los momentos más duros del aislamiento social. La música urbana no da para vivir, aunque seas XXL Irione y tus canciones palpiten en el corazón del conurbano. “Duele ver las calles sin gente y siento que el confinamiento frustró planes del corazón a los argentinos porque somos de juntarnos y eso me empujó más a cantar el Himno con ganas y con flow", contó conmovido y admitió que se inspiró en la versión que grabó Charly García y que le voló la cabeza: "Yo era chiquito pero me acuerdo que al principio Charly fue muy criticado por su versión del Himno, pero con los años marcó una generación y su nombre aparece ligado a nuestra canción patria".
La versión de Charly, que puso el grito en el cielo de los tradicionalistas y entusiasmó a las maestras jóvenes, que se animaron a ponerlo en las escuelas a lo largo y a lo ancho del país, es la referencia inevitable para los que se le animan al Himno. Fue él quien marcó la senda y, sin inquietarse por las críticas, siguió adelante como si nada. Hoy, a la distancia, no suena tan rupturista, la intro es casi clásica y hasta que no entran la guitarra eléctrica y el inconfundible ritmo noventoso que acompaña a la voz aguardentosa de Charly no pasa nada. Pero pasó y fue una revolución de la que pasaron ya 30 largos y tumultuosos años. Así y todo, el Himno de Charly sigue, incólume, en “Filosofía barata y zapatos de goma”. Vaya paradoja, porque no tiene nada de barato ni de goma.
Con la excusa de celebrar el Día de la Independencia, y empujados por la incomodidad que disparó la “nueva normalidad”, se dio un resurgimiento el Himno y también la polémica. Por supuesto. Inesperadamente, la Mona Jiménez, un prócer de la bailanta de la Docta, colgó en su cuenta oficial de YouTube una versión de la canción patria con ritmo de cuarteto y grabada en la soledad del Teatro del Libertador San Martín en Córdoba. Como un rayo partió en dos las opiniones en las redes sociales, y así como estuvieron los que aplaudieron su ocurrencia hubo otros que se escandalizaron como inocentes novicias ante la presencia del mismísimo Demonio. Y como si eso fuera poco el periodista rosarino Luis Novaresio, que aprendió rápido que el escándalo vende, echó más leña al fuego. “¿Homenaje o falta de respeto? La versión del Himno Nacional de la Mona Jiménez”, posteó en Twitter, y explotó la bomba.
La Mona Jiménez - Himno Nacional Argentino (Versión Cuarteto)
Hubo respuestas para todos los gustos, y también mucha grieta. “¿Si lo hubiese cantado Pavarotti con la orquesta de Nueva York sería un homenaje, pero si lo canta la mona Jimenez con su banda de Villa Fiorito es una falta de respeto?”, disparó mordaz uno de los seguidores del conductor de “Animales”. El ministro de Desarrollo Social de Córdoba, Carlos Massei, recogió el guante. “Nuestro Himno Nacional nos abraza a todos los Argentinos, lo cantamos en castellano, guaraní, mapuche, quechua y otras lenguas, ¿por qué es una falta de respeto que nuestra querida Mona Jiménez, máximo representante del cuarteto lo cante?”, se preguntó desafiante e impuso el hashtag #YoLoBanco.
Himno Nacional Argentino - Juana Piazza (Adaptación y arreglos, Martín Delgado)
Rosario amaneció el 9 de Julio con su propia versión “cuarentenera” del Himno. Fue una sorpresa, porque se compartió a través de WhatsApp ni bien arrancó el nuevo día y rápidamente se viralizó en las redes sociales. Lo canta Juana Piazza, una joven artista rosarina de 15 años que dio una visión muy distinta de la aguerrida “con gloria morir” de Vicente López y Planes que acaso sea cómo la sienten hoy los chicos que, confinados por la cuarentena, se quedaron sin la vida que vivían antes de la amenaza del coronavirus. Su interpretación, delicada y amorosa, lejos está de los versos en pie de guerra de la original y, como el video que acompaña a la música, transmite una cierta nostalgia. Ahí se la ve recorriendo un colegio desierto, el Politécnico, los pasillos, las aulas, el salón de actos, el patio que luce más grande y vacío que nunca, mientras su mirada se pregunta qué hay más allá.