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Los cubanos esperan que la visita de Francisco acelere el acercamiento a EEUU

Gira papal. El Sumo Pontífice no asumirá posturas explícitamente políticas, pero todo lo que haga en la isla tendrá implicaciones profundamente políticas.

Viernes 18 de Septiembre de 2015

Diecisiete años atrás, un arzobispo argentino recién nombrado comentó lo que representaba una visita papal a Cuba. “La iglesia viene a ofrecerles, en la presencia, la voz y la misión profética del Sumo Pontífice: un camino de paz, justicia y libertad verdaderas”, escribió Jorge Mario Bergoglio.
  Millones de cubanos esperan que esas palabras escritas en ocasión de la visita de Juan Pablo II a Cuba en 1998 se hagan realidad cuando su autor, el hoy Papa Francisco, pise La Habana mañana.
  Los cubanos se muestran entusiasmados con la visita de 10 días del pontífice a Cuba y Estados Unidos dado que Francisco medió en el proceso que culminó con la reanudación de relaciones entre los dos países. Muchos dicen que esperan que la gira ayude a impulsar lo que hasta ahora es un acercamiento más bien abstracto y comience a generar beneficios tangibles para los ciudadanos.
  Dirigentes del Vaticano aseguran que la misión del Papa es pastoral, no política. Pero quienes lo siguen de cerca creen que el santo padre piensa lo mismo que muchos cubanos y ve la visita como un nuevo paso en la normalización de relaciones entre Washington y La Habana.
  “Francisco no asumirá posturas explícitamente políticas cuando esté aquí, pero todo lo que haga tendrá implicaciones profundamente políticas”, sostuvo Austen Ivereigh, autor de “The Great Reformer: Francis and the Making of a Radical Pope” (“El gran reformador: Francisco, retrato de un Papa radical”).
  El Papa considera que medio siglo de hostilidades entre Estados Unidos y Cuba polarizaron la política latinoamericana, obligando a la gente a elegir entre las visiones de Washington y La Habana, según Ivereigh.
  Francisco ha restado importancia a su papel en el deshielo, diciendo que hizo “pequeñas cosas”. Sin embargo, tanto el presidente estadounidense Barack Obama como el cubano Raúl Castro agradecieron su intervención en sus discursos del 17 de diciembre del 2014 anunciando la reanudación de relaciones. Obama destacó la importancia del “carisma personal” de Francisco en cartas enviadas a ambos líderes durante una fase crítica de las negociaciones secretas, que se prolongaron 18 meses.
  El Vaticano fue sede del encuentro final en octubre pasado, en el que los dos bandos cerraron el acuerdo.
  Para Obama, el involucramiento de Francisco ofreció cobertura política para un paso hasta hace poco impensable por la objeción de los cubanos anticastristas de Florida.
  La presencia del Papa le dio “credibilidad y autoridad, que fueron importantes para ayudar al presidente, a sabiendas de que sería criticado por algunos”, comentó Tom Rieser, asesor del senador estadounidense Patrick Leahy. “El Papa ayudó a darle impulso al proceso”, dijo Rieser. “Era la persona indicada en el momento indicado”. 

Una historia de relaciones complicadas

Enfrentada por décadas a Fidel Castro, la Iglesia Católica de Cuba se erigió en interlocutor privilegiado de su hermano y heredero en el poder, Raúl Castro, tras un lento proceso de acercamiento que selló la visita de Juan Pablo II hace 17 años.
  Luego de la revolución en 1959 “se produce un proceso de tensión muy intenso que duró tres años”, en el cual Fidel impuso el ateísmo y expulsó a unos 130 sacerdotes, dijo a la AFP el sociólogo cubano Aurelio Alonso, autor de libros y artículos sobre las relaciones Iglesia-Estado.
  La expulsión “fue la decisión más radical, violenta de la revolución hacia la Iglesia”, pues “ni siquiera todos los sacerdotes eran españoles ni franquistas” como se dijo entonces, apunta Alonso.
  Fidel respondió también con el confinamiento de religiosos en unidades militares de trabajo (entre ellos el joven sacerdote Jaime Ortega, actual cardenal, y la nacionalización de las escuelas privadas, incluidas las católicas, recuerda el experto.
  La visita del Papa Francisco a Cuba a partir de este fin de semana se desarrollará en un ambiente muy diferente al de 1960, cuando comenzó el enfrentamiento entre Washington y La Habana y el clero conservador cerró filas con la oposición.
  Después de una primera época de gran tensión vino un período de “silencio”, hasta que en 1969 los obispos emitieron dos cartas pastorales conciliadoras: una contra el embargo estadounidense y otra en favor de relaciones entre creyentes y no creyentes.
  Pero “Cuba estaba ya metida en una proyección muy ateísta, muy ligada al comunismo soviético”, que se intensificaría con la adhesión al bloque económico socialista, indica Alonso.
  En 1970 Fidel eliminó el feriado de Navidad y el primer Congreso del Partido Comunista (único), en 1975, cerró todo posible acercamiento con la Iglesia.
  La década de 1970 transcurrió bajo esa proyección del gobierno cubano, que le impidió ver los cambios que vivía la Iglesia en América latina con las reformas del Concilio Vaticano II (1962- 1965).
  En 1986 hubo un Encuentro Nacional Eclesial, en el que la Iglesia adoptó una posición más pragmática y realista ante el gobierno, aunque siguió enclaustrada en los templos, agrega.
  El fin de las tensiones llegó con la visita del Papa Juan Pablo II, en 1998.
  “La visita iba a producirse a inicios de los 90”, pues Cuba le extendió la invitación en 1989, pero con “el derrumbe socialista (en Europa Oriental) se produce un retraimiento, un repliegue”.
  En medio de la crisis económica desatada tras el fin de la asistencia soviética, el Estado cubano dejó de ser ateo en 1992 y en 1994 Juan Pablo II nombró cardenal al arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, un partidario del diálogo.
  En 1996, Fidel visitó el Vaticano y cuando recibió al Papa polaco dos años después, restituyó el feriado de Navidad.
  En medio de críticas internacionales por derechos humanos, el cardenal Ortega y Raúl Castro iniciaron un inédito diálogo en 2010, que condujo a la liberación de 130 presos políticos y abrió más espacio a la Iglesia.
  Esto favoreció la visita de Benedicto XVI en 2012, ocasión en la que se entrevistó con Fidel y que Raúl aprovechó para restituir el feriado de Semana Santa.
  Ahora es usual que los obispos hablen por la televisión cubana, aunque el gobierno no ha acogido la petición de Benedicto XVI de autorizar la reapertura de las escuelas católicas.

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