Una facturación anual de 470 millones de euros, 180 películas rodadas al año,
una veintena de productoras y casi 30 distribuidoras: la industria del sexo se encuentra al alza en
España. "Lo que hace 15 años era algo amateur, ahora se ha convertido en algo con proyección
internacional", asegura Juli Simón, director del Festival Internacional de Cine Erótico de
Barcelona (Ficeb), que cuando se inauguró hace 15 años era el único del mundo.
Muestras como ésta, que acaba de cambiar su sede de la ciudad catalana a Madrid,
una cantera de actores como Nacho Vidal y Lucía Lapiedra y producciones como "24 centímetros"
sitúan a España entre las primeras potencias europeas en lo que a cine erótico y pornográfico se
refiere, por detrás de Alemania, Francia e Italia.
El país cuenta con una nómina de directores y actores nada desdeñable: 18
cineastas porno y casi 70 actores, entre hombres y mujeres.
Max Cortés, de 37 años, es uno de ellos. Dirige y actúa, de hecho ha participado
en más de 3.000 películas de este tipo. La industria "vive un buen momento y tiene mucho futuro",
asegura.
Las exportaciones del sexo español suponen 90 millones de euros anuales. De un
millar de films XXX que aparecen cada año en el mercado español, entre películas españolas y
extranjeras, se venden 700.000 copias anuales. No hay que olvidar, apunta Cortés, que España además
es la "entrada del cine porno americano a Europa".
Pero aunque las cifras son buenas, el sector busca una renovación. Coincidiendo
con un cambio en las tendencias que se dirigen a aprovechar los avances tecnológicos, Barcelona,
hasta hace poco el centro del porno en España, ha ido cediendo terreno a Madrid, donde comienza a
agruparse un mayor número de esta empresas.
La capital asume protagonismo y, del 26 al 28 de junio, acaba de ser escenario
del ya mítico Ficeb, que ha trasladado su sede desde la ciudad catalana.
Para disfrute de los seguidores del porno en España, en las afueras de Madrid no
sólo se ha visto lo mejor del cine XXX del país, sino todo el escaparate que lo rodea: shows de
sexo en vivo con la participación del público, rodajes en directo que sonrojarían a muchos,
muestras de todo tipo de artilugios sexuales, y estrellas internacionales como el italiano Rocco
Siffredi, mítico por la resistencia y el tamaño de su principal instrumento de trabajo.
En Madrid, el sector se está abriendo a las oportunidades que representan las
nuevas tecnologías: formatos digitales, teléfonos de tercera generación, webcams, sistemas de
videollamada que funcionan como "pay per view". Y es que, como en el caso del resto del sector
cinematográfico, la industria del cine XXX se queja también de las descargas en Internet y busca
nuevas vías.
Una ventana para la mujer. El creciente interés de la mujer por unos contenidos
tradicionalmente dirigidos a hombres es otro de los factores de cambio en la industria, en donde ya
hay directoras que se dedican a realizar films dedicados al público femenino. "Esto ya no es sólo
para hombres", corrobora Cortés. Las mujeres son más exigentes y están cambiando el mercado,
dice.
Frente al número reducido de mujeres que acudieron a la primera edición del
festival, a comienzos de los años 90, ahora son en torno al 30 por ciento de los visitantes de este
evento y parecen ser más proclives a la utilización de formatos basados en las nuevas
tecnologías.
Cortés contempla "un futuro en el que la mujer será la gran protagonista, porque
está revolucionando este mercado, y para ello miramos al formato digital, los teléfonos de tercera
generación, las televisiones y las webcam.
"Tuppersex"
Rosa Sánchez, organizadora de reuniones "tuppersex", ofrece a las mujeres
artilugios de todo tipo, como masajeadores, polvos de miel y aceites afrodisíacos. "A las mujeres
nos han privado de muchas cosas. El sexo estaba prohibido para nosotras, cuando es algo liberador",
dice. Ahora las cosas han cambiado y las mujeres también consumen porno, asegura Rosa.