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El río Jáchal desafía a los que se animan con el rafting

Una bajada en rafting por el caudaloso río Jáchal, a 200 kilómetros de la ciudad de San Juan, se transforma...

Lunes 14 de Enero de 2008

Una bajada en rafting por el caudaloso río Jáchal, a 200 kilómetros de la ciudad de San Juan, se transforma en una experiencia única con el derroche de adrenalina que conlleva ese tipo de navegación, a lo que se suma el magnífico paisaje que rodea las márgenes del curso de agua.

  La travesía se inicia en la villa turística Rodeo, cabecera del departamento sanjuanino Iglesia, y en el trayecto de 10 kilómetros por la vera del río Jáchal los visitantes pasan por el dique Cuesta del Viento.

  Así se llega hasta el punto en el que se inicia la aventura fluvial, un sitio en el que el cauce ofrece excelentes condiciones para la práctica del rafting.

  La bajada empieza tranquila, con un grado de dificultad que los expertos califican como "más 2", pero a medida que se navega por caudalosas aguas del Jáchal el grado de dificultad aumenta a "más 3", mientras que sube la expectativa y a veces el miedo de los noveles navegantes.

  Es el primer disfrute con el vértigo que produce esa categoría, la máxima permitida para los principiantes.

  En ese trayecto se destaca el paraje Templos del Viento, donde se evidencia cómo el paso del tiempo esculpió las rocas que el Jáchal atraviesa, formando un cauce turbulento que los "rafters" atraviesan con no poco trabajo.

  Se hace difícil describir la fabulosa garganta por la que luego discurre el Jáchal.

  Entre rápidos, un estrecho cañón de apenas 6 metros de ancho, curvas y contracurvas, y paredones de 25 metros de altura, el río muestra cuán bravo puede resultar. Pero a poco de pasar por el estrecho paso, las aguas se aquietan y los turistas pueden observar el monumental paisaje que los rodea.

  Esa sensación de paz no dura, porque la adrenalina regresa con fuerza y cualquier maniobra incorrecta puede redundar en un percance, que puede resultar de una caída al agua o un golpe en el interior del gomón.

  En una de las travesías, Oscar, un turista que se había situado en la parte delantera de la balsa, no alcanzó a concretar bien una maniobra indicada por el instructor y la embarcación golpeó contra una roca. Tanto él como sus dos hijos fueron impulsados violentamente hacia el interior del gomón.

  El episodio disparó el espíritu aventurero de los "rafters" a pesar de estar seguros con sus cascos y los chalecos salvavidas de corcho, que amortiguan en parte los golpes.

  Ante cualquier contingencia los remos se levantan para permitir que el curso de agua "acomode" al gomón, para inmediatamente después recuperar el gobierno de la embarcación.

  "Hay dos tipos de bajada, una completa de 11 kilómetros, que dura casi 2 horas, y otra más corta y menos dificultosa de 7 kilómetros", explicó Julio Gómez, de la operadora sanjuanina encargada de organizar las excursiones de rafting. l (Télam)

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