El último milagro por el que fue canonizada Mama Antula ocurrió ocurrió en 2017 en la ciudad de Santa Fe. El profesor Claudio Perusini llegó al hospital Cullen, de la ciudad capital, con un accidente cerebro vascular (ACV). Su estado era crítico y las posibilidades de sobrevivir casi nulas. Los médicos aconsejaron a la familia que se despidieran de Claudio. Pero un amigo jesuita les llevó una estampita de Mama Antula y todos empezaron a rezarle. Pidieron un milagro y al parecer lo obtuvieron: la salud del hombre empezó a mejorar. El Papa Francisco, que fue profesor de Claudio, reconoció el episodio como un milagro y este domingo canonizó a Mama Antula, convirtiéndola así en la primera santa de la Argentina.
El presunto milagro ocurrido con Perusini tiene dos antecedentes: la Iglesia Católica investigó y adjudicó otros dos presuntos milagros a Mama Antula: el de una religiosa (Rosa Vanina, 1904), y el de un médico de apellido Copelli (1947). El caso de Perusini es mucho más reciente. El 25 de julio de 2017, a las cinco de la mañana, Claudio Perusini sufrió un ACV. Fue llevado en ambulancia al Cullen, donde quedó internado en Terapia Intensiva y en estado vegetativo. El accidente cerebrovascular que sufrió era de los más graves. “Ictus isquémico con infarto hemorrágico en varias zonas, coma profundo, shock séptico resistente, fallo multiorgánico”, fue el diagnóstico de los médicos del Cullen. Perusini parecía no tener salida. Estuvo 28 días en estado vegetativo.
Las cosas cambiaron cuando llegó desde Buenos Aires un compañero de la secundaria de Perusini, el obispo jesuita Ernesto Giobando. El Papa Francisco fue profesor de ambos, Giobando y Perusini, en Buenos Aires. Giobando estuvo en el hospital rezando durante cuatro horas al lado de Claudio. Al irse dejó una estampita de Mama Antula. Luego Giobando fue a la casa de los padres de Perusini. Giobando propuso a la familia “un rezo profundo a Mama Antula” y un pedido de milagro por su amigo.
Acá es cuando, según la investigación de la Iglesia, actuó Mama Antula y salvó la vida de Claudio. A la semana y media Perusini pasó a terapia intermedia. A los cuatro meses empezó a caminar, hablar, ver, oír, a hacer ejercicios cognitivos y motrices. La Iglesia decidió atribuir esta recuperación al accionar sobrenatural de Mama Antula.
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Un tapiz con la imagen de Mama Antula cuelga en San Pedro durante la ceremonia de consagración de la santiagueña como santa.
Claudio terminó la secundaria en el Colegio Inmaculada. Después estudió filosofía en la Universidad Católica, pero sólo un año. Más adelante estudió en la Compañía de Jesús en la Ciudad de Buenos Aires. Allí en 1978, conoció a Jorge Bergoglio.
En el imponente recinto de San Pedro, este domingo la ceremonia de canonización de Mama Antula se hizo ante unas 5000 personas, enmarcada por un enorme tapiz con la imagen de la nueva santa. El Papa proclamó santa a Mama Antula con la fórmula tradicional, una frase en latín. Entre los presentes estaban Vicente Bokalic, obispo de Santiago del Estero, el arzobispo de Buenos Aires Jorge Ignacio García Cuerva y el obispo auxiliar de La Plata y secretario general del Episcopado, monseñor Alberto Bochatey. La ceremonia fue concelebrada por 230 sacerdotes, entre los cuales había muchos connacionales.
Cientos de fieles siguieron desde la plaza Libertad de Santiago del Estero y en la localidad de Silípica, donde se encuentra el santuario de Mama Antula, la canonización a través de pantallas gigantes. La emoción de tener una santa se reflejó en los presentes, quienes con cánticos y aplausos celebraron el momento en que la religiosa fue declarada santa. El obispo de Santiago del Estero, Vicente Bokalic, que estaba en el Vaticano, remarcó en un mensaje grabado que en “tiempos de grandes crisis, de oscuridades, de desánimos, de tristezas, si miramos a Mama Antula vamos a descubrir que ella atravesó todos estos momentos”. El padre Carlos Rafael Navarro dijo que Mama Antula fue una “mujer que vivió la empatía y muchas características que vamos descubriendo de esta santa que la historia olvidó un poco, pero que ahora, gracias al papa Francisco la sacó de ese anonimato”. El Pontífice hoy la muestra “como un modelo de vida para muchos jóvenes y también para nuestra sociedad en estos tiempos que nos toca vivir. Es mujer de la esperanza, que nos trae esperanza en este tiempo que vemos mucho agobio, mucho cansancio, mucha violencia”, dijo el padre Navarro.
Durante la vigilia también se dio a conocer un mensaje de Claudio Perusini. “Cuando me preguntan sobre el milagro, respondo que yo no hice nada; que fue Dios a través de Mama Antula, y sigue mostrando su amor en nuestra historia”.
Un libro oportuno
María Antonia de Paz y Figueroa nació en Santiago del Estero en 1730, cuando era parte del Virreinato del Perú. La historia de la beata fue reconstruida por las periodistas Nunzia Locatelli y Cintia Suarez, quienes publicaron un libro sobre la historia de la mujer que está en las librerías desde inicios de febrero. Ahora la santiagueña del siglo XVIII es la única santa de la Argentina.
María Antonia de Paz y Figueroa, Mama Antula, “nació en el seno de una familia acomodada de Santiago, pero a los quince años decidió irse con los jesuitas. Las mujeres no podían elegir, pero ella no quería ni casarse ni entrar en un convento como monja. Innovó como laica consagrada. Ella estaba muy cautivada por el mundo intelectual, los libros traídos de Europa. En los años con los jesuitas aprendió la actividad social y los ejercicios espirituales ignacianos, el mayor legado que le brindaron”, relata una de las autoras del libro, Cintia Suárez, en diálogo con La Capital. Tanto ella como Locatelli lograron armar el rompecabezas de la vida de la santiagueña. Cuando en 1767 los jesuitas fueron expulsados por orden del rey Carlos III y el papa Clemente XIV, Mama Antula decidió entonces emprender una caminata a Buenos Aires para construir una casa de ejercicios espirituales y continuar el trabajo que había aprendido con los jesuitas. El recinto fue construido finalmente entre 1795 y 1810. Mama Antula llegó a verlo: murió en 1799, a los 69 años.