La policía australiana peinó ayer la zona arrasada por el fuego en busca de
pruebas de los pirómanos que lo habrían provocado, mientras la cifra de muertos en los peores
incendios forestales en este país en 110 años podría superar los 200. Las llamas, que comenzaron el
sábado, continuaban ayer devastando bosques y viviendas mientras excavadoras del ejército abrían
caminos para que los equipos forenses ingresarán a las aldeas que quedaron aisladas.
Las autoridades ordenaron buscar a los posibles responsables pues los expertos
consideran que al menos la mitad de los focos fueron provocados, en la mayoría de los casos "por
aburrimiento o para llamar la atención", dijo el criminólogo Damon Muller. La policía del Estado de
Victoria destinó cien investigadores para hallar a los autores de lo que el premier australiano,
Kevin Rudd, calificó de "asesinatos masivos". El resto de los incendios fueron causados por
colillas de cigarrillos lanzadas intencional o accidentalmente desde vehículos o por equipos
eléctricos, según expertos.
"Asesinatos masivos". Los incendios fueron "sospechosos", ya que no hubo
elementos naturales como rayos capaces de provocarlos, dijo la policía. Las autoridades dijeron que
cualquiera que fuera hallado culpable afrontaría acusaciones de homicidio sin premeditación y
asesinato. "Mi opinión personal es que a los responsables se les debe permitir que se pudran en la
cárcel. Esto es un asesinato atroz a escala masiva", agregó el premier Rudd. La zona del desastre,
que duplica el tamaño de Londres y abarca a más de 20 poblaciones al norte de Melbourne, ha sido
declarada zona del crimen por las autoridades.
Al menos 181 personas fueron confirmadas como fallecidas en los incendios, pero
las autoridades aseguran que la cifra puede aumentar. "Aún hay un gran número de personas, que
excede la cifra de 50 que los forenses creen que ya están muertos, pero no están identificados
aún", dijo el gobernador de Victoria, John Brumby. "Va a ser un número significativo, superará las
200 muertes", agregó.
Unos 25 focos de incendio seguían ayer ardiendo en Victoria, y una decena de
poblaciones estaba en alerta por los fuertes vientos. "Las llamas no están cerca de ser controladas
como para permitir que la gente baje la guardia", dijo el miembro de los servicios de emergencia
Kevin Monk.
Los incendios han incrementado la presión sobre el premier para que adopte
acciones firmes contra el cambio climático, mientras los científicos acusan al calentamiento global
de las condiciones que han alimentado el desastre. "Esta tragedia demuestra que estamos lidiando
con un cambio climático en Australia y ahora es evidente todo lo que estamos a punto de perder",
dijo el miembro de Greenpeace Trish Harrup.
Horror, coraje y suerte. Las historias de horror, coraje y suerte continuaban
surgiendo a medida que las ciudades arrasadas por el fuego comenzaban a reconstruir sus vidas
cotidianas. Una mujer contó a la televisión australiana cómo ella y sus hijos sobrevivieron
escondiéndose en una cueva hecha por wombats (marsupiales característicos de Australia) en el
campo. Muchos animales australianos sobreviven a los incendios cavando.
Ross Buchanan, en Kinglake donde murieron más de 30 personas, perdió a sus dos
hijos tras llevarlos a las casas de familiares en otra ciudad pensando que allí estarían a salvo.
Mientras que Buchanan luchó para salvar su hogar en Kinglake, sus hijos murieron cuando el fuego
arrasó la otra ciudad.
Las autoridades dijeron que la regla de oro para sobrevivir en los incendios
forestales es la temprana evacuación o quedarse y defender los hogares, pero los expertos aseguran
que aparentemente varias víctimas entraron en pánico y huyeron en el peor momento. Algunas
fallecieron quemadas en el interior de sus automóviles cuando intentaban evadir las llamas.
Australia es el país más propenso a incendios del mundo, señalan los
científicos, y la mayoría de los focos ígneos se inician debido a rayos.
La peor catástrofe de las últimas décadas ya destruyó 1.000 viviendas y arrasó
350.000 hectáreas de bosques, en tanto cientos de personas han sufrido quemaduras y miles han
perdido sus hogares. En los populares centros de montaña de Kinglake y Marysville, a 100 kilómetros
al noreste de Melbourne, prácticamente no quedó ningún edificio en pie. Se estima que el fuego
arderá durante semanas, por lo que han sido movilizados bomberos de otras partes del país así como
del exterior. En 1983, en un devastador incendio llamado "miércoles de ceniza", murieron 75
personas.
Cambio climático
Aunque las autoridades no descartan un posible origen intencional, el siniestro
que azota a la región meridional australiana desde el sábado último se sumó a las graves
inundaciones en Queensland, en el nordeste del país, para llamar la atención sobre la necesidad de
encarar el cambio climático como emergencia nacional.