Educación

Escuelas centenarias en la provincia, los templos del saber público santafesino

La escuela Belgrano, de Villa Constitución, tiene 162 años. Y Rosario cobija más de 20 establecimientos con cien años. Contrastes arquitectónicos y pedagógicos

Martes 08 de Junio de 2021

Son públicas y llevan los nombres de los dos próceres con más prensa y respeto del país. La escuela Manuel Belgrano de Villa Constitución, 55 kilómetros al sur de Rosario, cumplirá 163 años el próximo 8 de julio. Veinticuatro kilómetros al sudoeste de esta ciudad, en cambio, la General San Martín de Carmen del Sauce tiene 157 años. Son las más viejas de la provincia. En Rosario, con más de 24 edificios de más de una centuria, la decana es secundaria: el ex Nacional 1, hoy de Enseñanza Media Nº 430, en 9 de Julio y Necochea. Con 146 vueltas al sol y por dar una más en septiembre. La sigue la primaria Nº 53, Bernardino Rivadavia, con 135 años. Todos so inmuebles de alto valor patrimonial, imponentes algunos, todavía en pie.

Son tres templos del saber público santafesino. Muestras de construcción sólida que triangulaba con un modelo pedagógico dispuesto a educar y un Estado empeñado en invertir en edificios escolares. Actualmente las escuelas son vulnerables y tienen edificios imperfectos muy cuestionados por los desafíos que plantea la pandemia.

Muchos segmentos de la comunidad escolar bregan por que se abran a como dé lugar: incluso sin wifi, un dato de la desigualdad educativa en ciudades como Rosario, donde el 20 por ciento de los hogares de los barrios populares no tienen ningún tipo de acceso a internet, ni siquiera a través de los datos móviles que un teléfono celular. Aunque en simultáneo con este panorama se aplaude el proyecto "ventilado, sustentable e integrado a la comunidad", de una escuela pospandemia a construirse en Roldán.

Contrastes de la política educativa de ayer, hoy y siempre. Este diario"recorrió" a algunos íconos centenarios a través de quienes las habitan y analizan desde su conocimiento la arquitectura de estos edificios. La arquitecta, investigadora y doctora en Humanidades y Artes, Daniela Cattáneo analiza para La Capital los edificios de las tres escuelas más antiguas de la provincia y traduce qué muestran sus ladrillos.

"Materializaban la presencia estatal y la apuesta a la educación del ciudadano ante la enorme cantidad de inmigrantes con el objetivo de conformar una comunidad nacional. La educación tenía que ver con el proceso civilizatorio, con normalizar o moldear conductas y hábitos. De allí que las escuelas normales, para los inmigrantes, al igual que los colegios nacionales, para la élite dirigente, fueron mojones del Estado".

Los establecimientos centenarios santafesinos son tantos que sorprenden. Es vasto. Pero hay que entender que las fechas de fundación no necesariamente corresponden a las de los edificios. Muchas comenzaron a funcionar en locales existentes, rentados o cedidos.

Hay 81 escuelas "adultas mayores": 27, de entre 125 y 162 años; 36, de entre 101 y 124 años, y 18 cumplieron cien años. La mayoría con amplios y ventilados espacios como el gobierno provincial actual proyecta las construcciones pos covid.

"Ya Sarmiento en su libro Educación Popular hablaba de holgura de los espacios, ventilación e integración al verde. Y luego las teorías higienistas del 1900, como las volcadas en Nociones de Higiene Escolar de Francisco Sunico, volvieron sobre esa apuesta", dice Cattáneo.

Edificio monumental en la cuna del Villazo

La Escuela N° 499 nació el 8 de julio de 1858 en Villa Constitución como escuela municipal de letras, en la casa del primer docente, Valentín de Toba, en el Paraje Puerto Piedras donde se fundó la ciudad. Todo sucedía mientras Sarmiento era senador y redactaba la ley para la construcción de nuevas escuelas.

Al principio a escuela asistían 27 varones y 30 niñas: aprendían a leer, escribir, calcular, urbanidad y formación religiosa, de manera dogmática sin diseño curricular ni títulos oficiales.

En 1900 la escuela contaba con cinco grados, se incorporan trabajo manual y huerta y dos años más tarde se trasladó a un edificio. Años después se la bautizó Manuel Belgrano y se puso la piedra basal de las obras para un edificio propio, que ocupó recién en 1942, a 84 años de su nacimiento.

La población de Villa Constitución contaba con unos 10 mil habitantes y comenzaba a ser industrial. El dato poblacional ayuda a hacerse una idea de lo desolado que era el territorio cuando se erigió este edificio monumental, con rasgos fascistas de la época, mármoles en el frente, bronce en los pasamanos de las escaleras, sin campana y con timbre como novedad. Un lujo en toda una manzana en el centro de la ciudad.

Actualmente luce dos patios, uno de ellos cubierto, un busto de Belgrano en el hall de entrada y dos más afuera: uno dedicado a la Madre con un hijo a upa y otro a la tradición, con la figura de un gaucho.

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Hoy esta escuela alberga a 500 alumnos de primero a séptimo grados. Doscientos de ellos asistían al comedor escolar antes de la pandemia: en estos días se preparan bolsones para la comunidad escolar y también de otros establecimientos. Tiene cuatro baños que supieron contener inodoros a la turca (sanitarios que consistían en un agujero en el piso).

"¿Fallas edilicias? No, solo algo de humedad en los techos lo que afecta a la instalación eléctrica, pero ya estamos por impermeabilizar. Es una escuela hermosa y Patrimonio Histórico Cultural. Cuando se la construyó se la criticó por lujosa, tiene altos techos, mucha luz y espaciosas aulas: ahora con el protocolo y distanciados podemos alojar a quince chicos por aula", dice a La Capital la directora interina y ex alumna, Patricia Cesaretti, una mujer de 56 años que con orgullo dice que alguna vez, en lo que llaman "la escuela madre" de la ciudad, se organizó allí la Feria del Libro. También fue escenario de actos oficiales y recibió un 24 de marzo al histórico sindicalista de la UOM y protagonista del Villazo en 1974, el recientemente fallecido Alberto Piccinini.

"La lógica de esta escuela simboliza la importancia que la provincia le adjudicaba a la educación, edificada en los años 30, en sintonía con la ley de educación provincial de 1933", analiza Cattáneo y se refiere así a la norma de Educación Común, normal y especial, durante la gestión del Partido Demócrata Progresista que apuntaba a la laicidad, a las aulas mixtas y a la elección democrática de sus autoridades, descentralizadas en consejos escolares autónomos.

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Esa modernización política y pedagógica se completó en Santa Fe con un Departamento de Construcciones Escolares, fue la primera provincia en el país en incorporar esta dependencia. Y desde lo arquitectónico, específicamente, se promovió la integración urbana de los edificios escolares a sus contextos, la acción comunitaria y la sociabilidad barrial.

Sirve tomar la experiencia pedagógica de Olga y Leticia Cossettini en la escuela Carrasco, entre los años 1935 y 1950, para observar cómo la escuela toda y el barrio eran los escenarios de aprendizaje: el maestro salía del centro de la escena y el aula diluía su protagonismo en el patio, la huerta, la biblioteca y el laboratorio.

Sin teléfono en Carmen del Sauce

Carmen del Sauce es uno de los pueblos más antiguos del departamento Rosario. En 1803 fue la posta Puestos de Medina que se enclavó nada menos que en el Camino Real que unía Buenos Aires con Cuyo. Y su escuela, General San Martín, de paredes de ladrillos asentados en barro, con wifi e hiperconectada, paradójicamente desde que empezó la pandemia, no tiene teléfono: se descompuso y nadie lo arregla.

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Tiene la importancia de un museo para la región. Cumplirá 157 años el 16 de septiembre próximo. Se construyó cuando comenzó la Guerra con el Paraguay, con balustrada, y aún mantiene dinteles de arco de medio punto de ladrillo en sus puertas y ventanas: típica construcción colonial. Pero a pesar de ese valor patrimonial, para comunicarse con la directora, no es fácil. Este diario llamó a la comisaría y el subjefe Gómez, padre de un alumno, sirvió de puente.

"Es una típica escuela Láinez", comenta Cattáneo y se explaya en torno a los 438 establecimientos que se fundaron en 1936, por impulso del legislador Manuel Láinez .

"La mediación proyectual quedaba en manos de cada localidad y si bien los programas educativos eran nacionales la identidad tenía que ver con los inmigrantes del lugar que donaban los terrenos y levantaban sus paredes", señala Cattáneo.

ESCUELA PRIMARIA DE CARMEN DEL SAUCE

Santa Fe fue una de las provincias donde las Láinez tuvieron mayor impacto, especialmente en el sur, y en relación al desarrollo del puerto de Rosario, "puerta de entrada" de la inmigración masiva y “salida natural” de la producción cerealera, base de las exportaciones de la región.

Hoy la directora de esta escuela de Carmen del Sauce es Marisa Vallone, una mujer que viaja ida y vuelta en colectivo, tres horas y medio cada día, desde Rosario. "Es una escuela que no necesita alarmas: padres y chicos la cuidan. Es muy importante para este pueblo".

El inmueble está ubicado frente a la plaza General San Martín, donde en momentos de burbujas sanitarias muchos chicos y chicas arman el recreo; está también en diagonal a la iglesia y a una cuadra de una línea de casas viejísimas que aún conservan aljibe.

"Tres horas y media cada día en colectivo, pero lo disfruto: trabajar acá es una tranquilidad, su gente es humilde, excelente, todos del pueblo y algunos de la zona rural", dice la directora de 53 años y algo más de 32 de maestra.

"El edificio tiene seis salones y dos patios y está siempre en refacción, porque es viejo. Lo más crítico es su humedad de cimientos pero lo combatimos con placas cementicias y cerámicos. Hemos bajado los techos con durlok y ahora con fondos de Nación el secundario, que funciona por la mañana, está construyendo dos aulas, una biblioteca, un salón de usos múltiples y un laboratorio", dice Vallone sobre el establecimiento al que asisten 12 docentes para darles clases a 35 nenes y nenas de inicial, 70 de primaria y 54 de secundaria.

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El pueblo se llama así desde 1875, cuando Pedro Laflor, dueño de un servicio de mensajería entre Rosario y Melincué donó una imagen de la Virgen del Carmen como promesa cumplida tras el rescate de su hija y de una sobrina, cautivas por un grupo de aborígenes. Como era de suponer la iglesia principal también lleva este nombre. Se trata de una localidad pequeña, que siempre miró a Acebal como la urbanidad. Pequeña localidad y su población escolar. Catorce chicos promedio por aula, casi una escala pedagógica envidiable.

El Nacional

Polémico desde sus inicios. El Colegio Nacional no tuvo terreno donde levantarse y se tuvo que desmontar una barranca para hacerle lugar a las afueras de la ciudad. Y, mientras en 1868 el Congreso aprobaba los fondos para construirlo, Domingo Faustino Sarmiento desviaba el dinero a una escuela de agricultura, que jamás se hizo.

Finalmente, tras marchas y contramarchas de obras se construyó el edificio en 1939, primero orientaba a Necochea, donde aún perviven dos alcanfores, porque eran los árboles preferidos de Sarmiento, que se plantaban en favor del aire puro, para aliviar la congestión y la tos en épocas esas de pandemia de fiebre amarilla. Hoy el dato parece una ironía.

Luego se orientó hacia 9 de Julio: monumental, imponente y de fisonomía barroca colonial hasta el presente. Con amplísimas aulas y dos patios.

Alojó a la Facultad de Humanidades, al Normal 1, a la Facultad Tecnológica, en sus inicios. Por sus aulas pasaron muchos estudiantes que dejaron estampados sus nombres en calles y entidades, como Eudoro Rueda, Melitón Carbonell o Enrique Rivarola. Otra menos conocida pero no por eso menos destacada fue la primera mujer médica de esta ciudad: Francisca Montaut, graduada en 1929. Y hubo ilustrados a tono con un modelo pedagógico laico que buscaba el progreso social y el naturalismo en relación a la tecnologías de la época: una formación en función de la educación superior. Profesionales para la Nación.

Se sentaron en sus pupitres los artistas plásticos Antonio Berni y Julio Vanzo; el dirigente demoprogresista Lisandro de la Torre y el ex diputado asesinado en el Congreso de la Nación, Enzo Bordabehere; Elpidio González, que llegó a la vicepresidencia de la Nación por la Unión Cívica Radical, el periodista e historiador David Peña; la escritora y profesora en el lugar, Alma Maritano; Raúl Gardelli, periodista y ex jefe de redacción de La Capital, y el militante desaparecido Eduardo José Toniolli, quien integró el centro de estudiantes del colegio representando a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).

El ex alumno Oscar Martino integra la comisión en camino a los 150 años del colegio. Cuenta muchas anécdotas y nombra varios apellidos conocidos, y cuenta que el colegio supo tener internados en pabellones que se dividías con telas y donde se hacían obras de teatro con los que se recaudaban fondos para refaccionar el inmueble y mejorarlo.

Destinado a ser escuela universitaria, como el Nacional Buenos Aires del Juvenilia de Miguel Cané, o con la impronta del Superior de Comercio o el Instituto Politécnico de la Universidad Nacional de Rosario. Pero cuestiones políticas y sociales frenaron el impulso aunque se erigió monumetal e imponente, en 1934, con fisonomía barroca colonial, en barrio Martin.

Hoy su comunidad, sigue tan movilizadora como integradora. Es uno de los pocos colegios con baño mixto a pedido de sus alumnos. El que supo acoger siempre y sin miramientos a los repetidores, el que tiene tres consejos escolares, el que en 1993 se convirtió en Escuela Media Nº 430 y el que hoy le abre las puertas a unos 800 alumnos en tres turnos y cuenta con 250 profesores. El colegio que es como un pueblo.

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Las tres escuelas centenarias, a diferencia de las construidas en las últimas décadas y emparchadas gestión tras gestión hasta la actualidad, cuestionadas, tironeadas, responden a viejas lógicas de un país que se había llenado de inmigrantes y apuntaba a la homogeneidad a través de la escolarización.

Para Cattáneo eran grandes escuelas, con el valor y los presupuestos puesto en la educación. Y que en algunos casos, como el del Nacional de Rosario alcanzaban la edilicia cívica de la Ilustración europea. "Eran verdaderos 'Templos del saber' pensados para capitales y grandes ciudades que apuntan a la homogeneidad a partir de la escolarización", concluye la arquitecta.

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