El Mundo

Trump: toda una vida de no admitir derrotas anticipaba lo que está pasando

Su carrera empresaria y su Presidencia siempre estuvieron cargadas de violencia verbal y del terror a ser "un perdedor"

Sábado 09 de Enero de 2021

Donald Trump dejó numerosas pistas claras de que trataría de destruirlo todo antes abandonar la Casa Blanca. Las pistas están en toda una vida en la que se ha negado a admitir derrotas, señala la agencia Associated Press en una nota de análisis. Esas pistas abarcan una presidencia macada por una retórica cruda, furiosa, teorías de conspiración y una suerte de camaradería con "patriotas’’ de las filas de extremistas de derecha. Las pistas aumentaron a la velocidad de la luz cuando Trump perdió la elección y se negó a admitirlo, la misma noche de las votaciones el pasado 3 de noviembre.

La culminación llegó el miércoles, cuando partidarios de Trump, exhortados por el propio presidente a ir al Capitolio y "pelear con pasión"’ contra una elección "robada"’, ocuparon el edificio en una confrontación violenta que dejó 5 muertos, incluido un policía del Congreso. La turba llegó tan envalentonada por la retórica de Trump que muchos participantes usaron plataformas de video en vivo para mostrarse destruyendo el lugar. Pensaban que Trump los iba a respaldar. Después de todo, se trataba de un presidente que, ante un plan de ultraderechistas para secuestrar el año pasado a la gobernadora demócrata de Michigan, respondió: "Quizás fue un problema, quizás no". Pero Trump al día siguiente del asalto al Congreso, al percibir la conmoción nacional causada, condenó el asalto que él mismo había instigado apenas 24 horas antes, lo que dejó defraudados a muchos de sus fanáticos seguidores.

Cuando llegó la derrota más grande, la elección que perdió ante Joe Biden, inició maquinaciones desesperadas. A menudo con un guiño o un asentimiento en los últimos cuatro años, a veces más directamente, Trump hizo causa común con elementos marginales deseosos de brindarle apoyo. Esto formó una mezcla explosiva en el momento en el que había más en juego.

El análisis de su sobrina psicóloga

Mary Trump lo vio desde su ventaja única como psicóloga y sobrina de Trump. “Es una emoción muy vieja que él nunca ha sido capaz de procesar desde que era un niño: aterrorizado de estar en una posición perdedora, aterrorizado de ser responsabilizado por sus acciones por primera vez en su vida’’, dijo Mary Trump una semana después de la elección. “Está en posición de ser un perdedor, lo que en mi familia ciertamente era lo peor posible’’, dijo. “Así que se siente atrapado, desesperado, cada vez más furioso’’.

Los problemas postelectorales eran previsibles, porque Trump básicamente había dicho qué sucedería si perdía. Meses antes de que se depositara el primer voto, Trump dijo que el sistema estaba manipulado y que los planes para las votaciones por correo eran fraudulentos, atacando el proceso tan incesantemente que puede haber perjudicado sus propias posibilidades, al desalentar a sus partidarios a votar por correo en plena pandemia, cuando precisamente esta opción se usó como nunca antes. Trump declinó garantizarle al país que respetaría el resultado.

No hubo evidencia antes de la elección de que sería manipulada ni evidencia después de un presunto fraude masivo ni errores enormes que Trump y su equipo legal argumentaron en casi 60 demandas que jueces, nombrados por republicanos, demócratas o el propio Trump, rechazaron sistemáticamente, a menudo llamándolas absurdas. La Corte Suprema, con tres jueces colocados por Trump y otros tres conservadores sobre un total de nueve, también rechazó sus reclamos. Pero ni eso no lo disuadió. “Odio la derrota’’, dijo en un video en 2011. “No puedo soportar la derrota’’.

Pero al final el resultado electoral lo dejó sin más recursos, a excepción de su base de seguidores, que tampoco podían soportar la derrota. Es largo el historial de Trump de respaldar teorías de conspiración falsas y a menudo racistas con raíces en la ultraderecha. Ha respaldado a los seguidores de QAnon, una enrevesada teoría de conspiración a favor de Trump, diciendo que él no sabía mucho de sus promotores, "aparte de que entiendo que me quieren mucho’’ y de que "está ganando popularidad’’. Idéntica actitud tuvo ante el apoyo del violento grupo juvenil Proud Boys.

QAnon se centra en un supuesto funcionario anónimo de alto rango en el gobierno conocido como "Q’’ que comparte información sobre un supuesto "Estado profundo’ (Deep State)’. El FBI ha advertido que los extremistas impulsados por teorías de conspiración, como QAnon, son amenazas terroristas.

En 2017, Trump culpó a "ambas partes’’ por la violencia fatal en Charlottesville, Virginia, sitio de un choque entre grupos de supremacistas blancos y quienes protestaban contra ellos. Dijo que había "buenas personas’’ en ambos lados.

En un debate con Joe Biden, Trump se negó a criticar a los neofascistas Proud Boys. En lugar de ello, Trump dijo que el grupo debería "mantenerse alejado y estar preparado’’. Ese comentario causó una tormenta y un día después, Trump trató de dar marcha atrás.

Trump no condenó tampoco las acciones de un joven acusado de matar a tiros a dos personas y herir a una tercera durante protestas en las calles de Kenosha, Wisconsin, en el verano. En octubre, decidió no criticar a las personas de ultraderecha que planeaban secuestrar a la gobernadora de Michigan, la demócrata Gretchen Whitmer. "Cuando nuestros líderes se reúnen, alientan o fraternizan con terroristas nacionales, legitiman sus acciones y son cómplices’’, opinó Whitmer. "Cuando alientan y contribuyen al discurso de odio, son cómplices’’.

Para Mary Trump, la forma de la derrota de su tío ayudó a sentar el escenario para la toxicidad que ella dijo en noviembre que ocurriría. Los republicanos en las contiendas por el Senado y la Cámara de Representantes tuvieron mejores resultados que él, haciendo más grande la minoría en la cámara baja y reteniendo su mayoría en el Senado, hasta que la segunda vuelta por los dos escaños de Georgia inclinó la balanza hacia los demócratas.

Su derrota el 3 de noviembre fue solamente suya, no del partido. "Así que no puede culpar a nadie más’’, dijo su sobrina. "Creo que él está probablemente en una posición de la que nadie puede ayudarle a salir emocional y psicológicamente, lo que va a empeorar las cosas para el resto de nosotros’’. Y lo peor llegó.

Oren Segal, vicepresidente del Centro sobre Extremismo de la Liga Antidifamación (Anti-Defamation League"), calificó el ataque del miércoles contra el Congreso de "la conclusión lógica del extremismo y el odio descontrolados’’ durante la presidencia de Trump. "Si te sorprende, entonces no has prestado atención’’, afirmó Amy Spitalnick, de Integrity First, un grupo de derechos civiles participante en demandas por la violencia en Charlottesville.

El jueves por la noche, Trump pareció intentar un mensaje unificador, luego de meses de provocaciones, diciendo en un video: "Este momento requiere reconciliación’’.

Pero este viernes, el mandatario estaba de nuevo ocupándose de sus "grandes patriotas estadounidenses’’ y demandando que fueran tratados con justicia. Dijo además que no acudirá a la toma de posesión de Biden. Admitió que su presidencia concluía, pero no admitió —o no pudo admitir— su derrota.

Entre todos los apodos insultantes que ha proferido contra sus rivales políticos —soñoliento, llorón, corrupto, loco, descerebrado, extraño, cuello de lápiz, cabeza de sandía, desquiciadoninguno tuvo una intención de doler más que "perdedor’’. Y nada, parece, le duele más que cuando el perdedor es él.

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