Roma.— El líder de la oposición italiana Silvio Berlusconi amenazó con celebrar una
manifestación de millones de personas en Roma para reclamar la convocatoria a elecciones,
aumentando la presión sobre el presidente Giorgio Napolitano, que continúa sus gestiones para sacar
al país de la crisis. El presidente, así como el oficialismo de centroizquierda, son partidarios de
un gobierno de transición que realice reformas, especialmente del régimen electoral. Mientras, ayer
continuaron las consultas formales de Napolitano con diversas fuerzas políticas. La ronda de
entrevistas debe finalizar hoy, y luego el presidente debe decidir qué opción tomar.
La crisis de gobierno precipitó el pasado jueves, cuando el gobierno del
premier Romano Prodi perdió una moción de confianza en el Senado. Prodi renunció de inmediato, pero
su gobierno se mantiene para atender la gestión de los asuntos ordinarios de la gestión del Estado.
Milagro italiano. Durante las conversaciones de ayer, Napolitano se
entrevistó con la Liga Norte, aliada de Berlusconi, que le dejó claro que demanda elecciones
inmediatas. Los comicios son inevitables a menos que el presidente consiga apoyo para un gobierno
interino, logro que el veterano analista político Sergio Romano calificó de “milagro
italiano” desde la tapa del Corriere della Sera.
Napolitano impulsa la idea de un gobierno de transición o “a
término”, liderado por el presidente del Senado, Franco Marini, que dure hasta junio próximo.
En ese tiempo se limitaría a realizar la reforma electoral, dejando de lado otras iniciativas. Esta
sería una fórmula de compromiso, ya que Berlusconi exige realizar los comicios en abril, mientras
que Walter Veltroni, líder del Partido Democrático (PD), el mayor de la coalición oficialista,
reclama un gobierno de transición de entre ocho y doce meses, con una agenda mucho más ambiciosa de
reformas.
Mal recuerdo. En este contexto, Berlusconi, que lidera todas las encuestas, convocó a
una suerte de”marcha sobre Roma” si no se convoca a elecciones. “Si no
conseguimos el voto, creo que millones de personas se volcarán sobre Roma a reclamarlo”
advirtió Berlusconi. Muchos recordaron la marcha realizada por Benito Mussolini en 1922, según
señaló el diario de centroizquierda La Repubblica, tal vez cargando las tintas en exceso contra su
adversario ideológico.
En todo caso, los analistas italianos consideraron el anuncio de
Berlusconi como una amenaza apenas velata contra el presidente Napolitano, inmerso en las gestiones
para resolver la crisis y sobre todo, sacar adelante su opción preferida de un Ejecutivo que dure
hasta mitad de año y reforme la criticada ley electoral.
Todas las encuestas otorgan al centroderecha una amplia ventaja, de
entre 8 y 12% sobre sus adversarios de centroizquierda, muy desgastados después de 20 meses de
gobierno atravesados por disputas internas.
El debate sobre la ley electoral tiene como trasfondo, precisamente,
cómo hacer al sistema político menos heterogéneo y con menos partidos pequeños, que a la hora de
votar en el Parlamento se revelan decisivos, con un peso totalmente desproporcionado. Es por esto
que el PD de Veltroni presiona por un gobierno que realice fuertes reformas. Además, Veltroni se
alejaría así de una derrota segura en las urnas a manos de Berlusconi. En un año el humor del país
puede cambiar. Hoy, en cambio, su derrota electoral es casi un hecho.
Si hubiese inteligencia. “Italia tiene necesidad de eficiencia y
sobriedad, y es lo que podríamos lograr si hubiese inteligencia y la asunción de una
responsabilidad nacional de las fuerzas políticas” apostrofó Veltroni, dirigiéndose al
centroderecha. En este sector tiene un solo posible socio: el pequeño partido democristiano UDC, el
aliado más independiente y crítico de la coalición berlusconiana.
Ayer, además de la Liga Norte, pasaron por el despacho del presidente
los máximos dirigentes de Alianza Nacional, la segunda fuerza del centroderecha, la UDC y
Refundación Comunista, partido de la coalición oficialista.































