La Paz. — El presidente de Bolivia, Evo Morales, enfrentará hoy el mayor
desafío de su mandato cuando la población se expida en las urnas sobre si debe seguir en el poder,
aunque su pronosticada victoria probablemente no resuelva la crisis política en el fracturado país.
La oposición conservadora, movilizada tanto contra Morales como contra el mismo referendo, ha
anunciado que, tras la consulta, continuará su campaña para bloquear las reformas
indigenistas-socialistas, incluida una nueva Constitución, con que el mandatario pretende
"refundar" el país.
El referendo revocatorio sobre los mandatos del presidente indígena, vice y ocho
de los nueve prefectos regionales (gobernadores), la mayoría opositores, podría modificar el mapa
político nacional dando paso a un nuevo escenario de definición de la pugna de poder que amenaza
con dividir a Bolivia.
Morales, de 48 años y quien asumió en enero de 2006 tras saltar a la política
desde una combativa dirección sindical de los productores de coca, confía en que el referendo le
permitirá relanzar reformas como las nacionalizaciones y la redistribución de la tierra que la
oposición ha bloqueado con demandas de autonomías regionales.
Muchos pobres prometieron ratificar a Evo, quien provocó la ira de líderes
opositores cuando decidió destinar parte de las ganancias de la nacionalizada industria petrolera
al pago de un bono para estudiantes y una renta universal de ancianos.
Pero, mientras las encuestas mostraban un sostenida popularidad de Morales, sus
reformas han dividido al país, desatando protestas que, en la última semana, se radicalizaron al
extremo de que tuvo que suspender varios actos de campaña.
Impasse. Morales podría emerger políticamente más fuerte del referendo,
particularmente si se confirman los pronósticos de que caerían dos o tres prefectos opositores,
pero la tensión que precede a la votación sugiere que el gobernante tendrá finalmente que negociar
con sus oponentes. "Bolivia ha estado en un impasse político desde hace más de un año, y no importa
cómo sumen los votos después del domingo, Bolivia seguirá estando en la misma situación de
estancamiento político", dijo Jim Shultz, director del independiente Centro para la Democracia de
la ciudad central de Cochabamba. "Es probable que siga habiendo batallas entre el presidente y los
gobiernos regionales sobre descentralización y autonomía. La reforma agraria tal vez quede
bloqueada y habrá luchas sobre cómo dividir el pastel de las ganancias del gas natural",
agregó.
Los enemigos de Morales lo consideran un traidor, demasiado "sometido" al
presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y al el otrora líder cubano Fidel Castro, aunque el boliviano
mantiene también buenas relaciones con los presidentes Luiz inacio Lula da Silva de Brasil y
Cristina Fernández, de Argentina. Justamente, Chávez y Fernández sintieron la fuerza de los
radicalizados opositores regionales, cuando el martes fueron forzados a cancelar a último momento
una visita a Morales, horas después de que dos mineros movilizados por una reforma de pensiones
murieron en choques con policías. Un día después, Morales se vio obligado a suspender actos de
campaña en las ciudades orientales de Santa Cruz y trinidad, evitando choques con airados
manifestantes que vociferaban, con tintes racistas, su rechazo al gobernante. Estos disturbios
acompañaban a una cadena de huelgas de hambre iniciadas el lunes por dirigentes de comités cívicos
que se alinearon con los prefectos opositores en un reclamo de "devolución" de parte de un impuesto
petrolero.
Examen. Morales prometió retirarse de la política y volver a sus cultivos de
coca si pierde la votación, aunque aseguró que su "revolución por igualdad y justicia" ya es
"imparable". Saliendo al cruce de la tensión que precede al referendo, aseguró estar listo para
"rendir examen" ante los votantes. "Este voto del pueblo boliviano va a ser para fortalecer la
democracia y para redefinir el escenario político", dijo.
Pero con la polémica sobre las complejas normas de votación, la posibilidad de
protestas o desacatos es alta. La corte electoral dijo que se necesita el 53,7 por ciento de votos
para revocar el mandato de Morales, pero sólo el 50 por ciento más uno para echar a cada uno de los
gobernadores.