Como con tantas otras cosas, el último Golpe de Estado también arrasó con espacios de aprendizaje. Tal fue el caso de terapia ocupacional (TO), la profesión sanitaria que en su aplicación logra un impacto directo sobre la autonomía y la calidad de vida de las personas. La licenciatura creada en 1970 en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) fue prohibida en 1976 y desde el inicio de la democracia brega por volver a la universidad pública.
La Asociación Rosarina de Terapia Ocupacional Raquel Boero es actualmente la organización que motoriza esta demanda. El colectivo nació en 2019, está integrado por estudiantes y profesionales de la carrera y a través de su nombre brinda homenaje a una graduada y docente desaparecida durante la dictadura.
“En el año 76 se dio por concluida la carrera y no se volvió a abrir nunca más. La dictadura cerró todas aquellas carreras comprometidas, lo hizo con terapia ocupacional y con lo que en aquel entonces era servicio social. Con la vuelta de la democracia la carrera de trabajo social pudo volver a la universidad pública, pero nunca entendimos por qué nosotros no pudimos hacerlo”, cuenta a La Capital Cristina Dagatti, una de las 15 terapistas ocupacionales egresadas de la UNR que forma parte de la agrupación.
Con el fin de la dictadura, Dagatti junto a otros egresados de la carrera tuvieron que pelear por el otorgamiento de sus títulos, y desde ese entonces comenzaron a gestionar la reapertura de la licenciatura en la Facultad de Medicina de la UNR. La ahora docente jubilada cuenta que uno de los objetivos de la Asociación Rosarina de Terapia Ocupacional es dar a conocer una profesión que tiene un campo de acción muy amplio y una mirada interdisciplinaria. “El terapista ocupacional tiene un área de acción enorme, es una profesión sociosanitaria que abarca distintos aspectos, aquellos que tienen que ver con el cuerpo, la fisiología y la neurología, y también con lo comunitario. Es decir, con el ámbito donde se desarrolla y desempeña esa persona. Nuestro interés de que vuelva a formar parte de la universidad pública es una forma de apoyar determinadas políticas públicas que tienen que ver con los aspectos de integración comunitaria, los derechos humanos y género”, dice Dagatti. Actualmente el proyecto de reapertura de la carrera fue aprobado en 2021 por resolución del Consejo Directivo de Medicina y se espera su ejecución.
Campos de acción
“La terapia ocupacional es una disciplina integral que acompaña todos los procesos de la vida de las personas, desde bebés hasta adultos mayores. Estamos presentes acompañando las distintas ocupaciones que las personas desarrollan. Cuando aparece alguna dificultad que interfiere para el desarrollo de una vida plena, ahí intervenimos, para que esos procesos sean mas placenteros”, explica la terapista Laura Armoa, integrante de la asociación y exalumna de Cristina Dagatti.
Tal como indica la especialista, el acompañamiento del profesional se realiza desde una mirada integral en todos los ambientes por donde transitan las personas, por lo que el campo de acción implica siempre una mirada interdisciplinaria. “Nosotros vamos a todos los espacios que ocupan a las personas en los distintos momentos de su vida. Vamos al club, al trabajo, al aula”, afirma Armoa. En el campo educativo las posibilidades de abordaje son muchas. El trabajo del terapista ocupacional contribuye especialmente con la inclusión educativa, y en educación especial su labor es codo a codo con la docente en el territorio del aula. “Somos los especialistas en adaptación —indica Armoa— ya sea al ingreso a la escuela, en una actividad o en los recreos para que todes participen. Lo que hacemos es adaptar, flexibilizar el entorno, que incluye personas y objetos”. Y a modo de ejemplo, cuenta que si un niño o niña no está pudiendo tomar el lápiz adecuadamente, desde terapia ocupacional se trabaja para que pueda hacerlo. “Vamos adaptando los entornos, los mobiliarios y el acceso. Por ejemplo, le digo a la seño «este pizarrón está recargado de información y este niño no está pudiendo copiar porque hay demasiado estímulo visual»”, cuenta.
La educación sexual integral (ESI) también es un terreno donde el terapista ocupacional se mueve habitualmente a través de los contenidos que aborda. En este ámbito se destacan el cuidado del cuerpo y la salud, la imagen corporal y la autopercepción, donde entran en juego los estereotipos de género.
Armoa explica que el terapista también trabaja desde una perspectiva de derechos —otro eje de la ESI— porque su labor se sustenta en el reconocimiento de los derechos humanos. En este aspecto, el conocimiento del marco legal es un saber fundamental con el que cuenta el profesional para acompañar a las personas en un proyecto de vida independiente y placentero. Otro pilar en el que se sustenta la profesión, en consonancia con la ESI, tiene que ver con el respeto a la diversidad, y la consideración de que cada situación es única e irrepetible. “Desde nuestra mirada integral —agrega Armoa— tenemos que tener en cuenta que esa persona que acompañamos está inmersa en determinado contexto social, político y económico. Por eso no hay una receta de tratamiento único, porque tenemos que evaluar todos estos contextos”.