El pasado domingo pude comprobar cómo la ciudad era escenario de una fiesta urbana de singulares características. Un maratón internacional de 42,195 kilómetros, en la que los rosarinos, unidos con argentinos de todas partes, compartían un evento deportivo en compañía de una respetable cantidad de corredores extranjeros que hicieron turismo en la ciudad, única y exclusivamente con motivo y en ocasión de dicha prueba pedestre. Es más, por televisión vi a un corredor paraguayo de 67 años que señalaba que esta carrera era la única en el mundo que entrega 40 copas a los 40 primeros de cada categoría. Frente a este contexto valioso, bien vale la pena en demorar unos minutos en comprar engordantes medialunas. Me refiero a la queja de un lector a través de una carta publicada el pasado lunes.





























