El motoquero Javier Gregorini unió con un rodado de 250 cilindradas la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen con Alaska, en un viaje de ida y vuelta que demandó más de 11 meses y 73 mil kilómetros recorridos.

El motoquero Javier Gregorini unió con un rodado de 250 cilindradas la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen con Alaska, en un viaje de ida y vuelta que demandó más de 11 meses y 73 mil kilómetros recorridos.
Gregorini dijo a Télam que “el viaje estaba programado hasta Machu Picchu, pero al enterarme de que algunos argentinos habían llegado hasta Alaska en auto o incluso en motos me dieron ganas de hacer lo mismo; y la idea fue llegar hasta allá, aunque si en algún momento del viaje elegía otra cosa, el viaje se iba a modificar”.
El aventurero de 31 años partió de Trenque Lauquen el 2 de enero de 2015, en una Honda XR 250 Tornado, “la cual se comportó excelente y sólo tuve que hacer los mantenimientos habituales de cubiertas, aceite, cadena, piñón y corona” y refirió que “un amigo me envió por avión a Alaska el piñón y la corona, que sólo se consiguen hasta México para esta moto”.
“Esperaba llegar en el verano de Alaska, entre junio y agosto, no más tarde de septiembre, y llegué sin problemas”, señaló Gregorini y admitió que “lo que no estaba en los planes era volver andando, ya que era una locura, pero al llegar a Alaska en tan buenas condiciones, habiendo conocido tanta gente amable en el camino, con la moto en excelente estado, y con algo de plata restante, decidí volver en moto hasta mi ciudad, en lo que llamé la etapa «Volviendo a casa»”.
El motociclista relató que vio varios accidentes en el recorrido “por la cantidad de gente irresponsable que maneja en la rutas, principalmente en Bolivia y Perú, pero gracias a manejar siempre a la defensiva e ir previendo posibles accidentes, pude reaccionar a tiempo en todos los casos, evitando de esta forma salir accidentado”.
“Lamentablemente sí tengo que decir que unos amigos que también viajaban en moto por Ecuador sufrieron un gravísimo accidente al embestir una minivan que giró en U en la ruta e hizo que se la lleven por delante”, contó Gregorini, y agregó que “ambos terminaron en terapia intensiva, él gravísimo, casi al límite de la muerte, aunque por suerte están en Argentina recuperándose, con su familia”.
El piloto no sufrió enfermedades en la travesía, “sólo un cólico en Colombia por la deshidratación sufrida a raíz del intenso calor”.
Y señaló que “lo más complicado fue sin dudas la gran cantidad de fronteras que se cruzan en el camino y la falta de seriedad en la gran mayoría de ellas, donde te hacen hacer mil papeles y trámites desordenados; sumados a que en algunos lugares piden plata para hacerlos, una especie de estafa abusándose del poder que tienen para negarte la entrada al país”.
Según Gregorini “circular de día por las rutas principales de América no es inseguro, nunca sufrí ni vi hecho delictivo o similar”, aunque aclaró que “no puedo asegurar lo mismo de noche, ya que queda menos gente y el riesgo es mayor”.
“Hubo algunos países donde la tensión se elevó, tales como Bolivia por sus piquetes donde arrojaron piedras, El Salvador y Honduras por el riesgo de las Maras, Estados Unidos (incluyendo Alaska) y Canadá por el riesgo de que se crucen animales salvajes en las rutas”, indicó el motociclista, “pero sin dudas, lo más peligroso de las rutas fueron automovilistas en Bolivia y Perú, a quienes no les preocupó lo más mínimo la vida ajena”.
Gregorini resaltó a los colombianos “por su amabilidad” y refirió que “es impensado el trato que dan, te reciben siempre con las puertas abiertas, si te ven al costado de la ruta frenan a ayudarte, te invitan a almorzar sin siquiera conocerte, te ayudan, y sobre todo, cuando les pedís que te expliquen cómo llegar a algún lado, no te explican, te llevan ellos mismos hasta allá”. El piloto llegó en diciembre a Trenque Lauquen y su próximo destino “es un continente, uno bastante desértico y poco conocido como Africa”.


