Sucesión de crímenes impunes, una antesala de la ejecución de "Pimpi"
Los más notorios hechos de violencia en conexión con la barra de Newell’s Old Boys en los
últimos ocho años, que produjeron lesiones irreparables o pérdidas de vidas humanas, tienen un
común denominador: nadie pagó por ellos. Algunos casos se investigaron sin llegar a los autores, en
otros las pesquisas se distinguen por una actividad escasa interrumpida al poco tiempo de abiertos
los expedientes. Son ocho asesinatos en Rosario que tienen una trama enrarecida pero unida por
hilos comunes con personas ligadas al club del parque Independencia...
22 de marzo 2010 · 01:00hs
Los más notorios hechos de violencia en conexión con la barra de Newell’s Old Boys en los
últimos ocho años, que produjeron lesiones irreparables o pérdidas de vidas humanas, tienen un
común denominador: nadie pagó por ellos. Algunos casos se investigaron sin llegar a los autores, en
otros las pesquisas se distinguen por una actividad escasa interrumpida al poco tiempo de abiertos
los expedientes. Son ocho asesinatos en Rosario que tienen una trama enrarecida pero unida por
hilos comunes con personas ligadas al club del parque Independencia. Ninguno está aclarado
El año pasado Roberto Pimpi Camino ya no era conductor de la hinchada
rojinegra. Sin embargo en la Unidad Regional II se confeccionaron informes sobre homicidios que
tuvieron como víctimas a personas que habían sido de su entorno, o por los cuales los deudos de las
víctimas lo mencionaron como responsable. Todos estos hechos llevan la marca que tiene el propio
asesinato de Pimpi: móviles inciertos y autores casi siempre ignorados.
2009, año crudo. Uno de los actos más inclementes fue el asesinato de Pablo Martín
Gómez, un joven de 29 años, que fue seguidor de Camino. La noche del 11 de octubre pasado paró su
auto en un semáforo en Ovidio Lagos y pasaje Monroe, frente al restaurante Patagonia. Allí se le
acercaron dos personas en moto. Uno lo ejecutó de cuatro tiros efectuados a treinta centímetros.
Pablo Gómez bajó del auto, llamó a su novia y le contó lo que había pasado. Siempre consciente,
murió doce días después. Su familia fue del todo renuente a hablar sobre lo ocurrido y no hizo
aportes en la causa judicial. El caso no tiene testigos.
Cuatro días después del ataque a Gómez, el 15 de octubre, fue ejecutado
un joven de 25 años frente a un quiosco de Alice 5090, en el Fonavi donde habita la familia Camino.
Se llamaba Gabriel Maximiliano Sánchez. Un joven le hizo tres disparos con una pistola calibre 9
milímetros. “A mi hermano lo mandó a matar el Pimpi Camino. Y el que le disparó fue el hijo
de 15 años”, dijo entonces a este diario Evelyn, la hermana del joven fallecido. La chica
contó que su hermano había integrado la barra brava rojinegra pero que se abrió tras el choque con
la hinchada de River de abril de 2003, en el que resultó baleado. “Esto pasó porque Pimpi no
lo podía tener como un soldadito”, afirmó. Por este caso fue demorado pocos días después un
hijo de 13 años de Camino. Había comentarios de versiones periodísticas y de la pesquisa de
Homicidios que lo implicaban de haber estado en el lugar del hecho, pero claramente no fue
sindicado como autor”, indicaron fuentes judiciales.
El año pasado también fue asesinado de un disparo Leandro Gonzalo
Barrios, Bebe, un joven de 22 años, también seguidor del Pimpi. Lo mataron en Garibaldi y
Esmeralda, en la puerta de su casa, el 14 de junio último. Angel Arocha, conocido como Petaco, fue
localizado en Paraguay y detenido por Interpol. Tiene 21 años y el juez de Instrucción Jorge
Baclini pidió su extradición.
El Panadero. El anteúltimo homicidio vinculado a la barra rojinegra fue el 2 de
febrero en el atentado contra un micro de hinchas. Murió Walter Cáceres, de 14 años, tras recibir
un balazo en la cabeza. “Esto fue un tema interno de la barra. El asunto es así: la barra
brava anterior quiere venganza, quiere volver, y la muerte era para Diego “Panadero”
Ochoa, el que sacó a Pimpi Camino. Lamentablemente se equivocaron de colectivo y mataron a mi
hijo”, señaló Carlos Cáceres, el padre del chico, al día siguiente de su muerte.
A Diego Ochoa se le atribuye ser el actual jefe de la barra leprosa y es
una persona a la que Camino detestaba. En los últimos 14 meses en dos ocasiones fueron en su
búsqueda con sangrientas secuelas. Y en ambas los ataques en apariencia concebidos en su contra los
padeció otro: en el caso más reciente Walter Cáceres. Pero el 13 de noviembre de 2008 el lugar
atacado fue la panadería de su madre en Vera Mujica al 3800: ese día el frente del comercio recibió
16 balazos de calibre 9 milímetros. Uno de los proyectiles le dio en la quinta vértebra cervical a
su cuñado, Mariano Vaccaro, y lo dejó sin movilidad de la cabeza para abajo. Este joven, de 29
años, está postrado hasta hoy. Nunca hubo imputados ni detenidos por este caso.
Las muertes anteriores. El 8 de septiembre de 2007 Marcelo Martín Coria, de 26
años, compraba una gaseosa en un quiosco en el Fonavi de Alice al 5100, el mismo lugar donde
mataron el año pasado a Gabriel Sánchez, pleno territorio de Pimpi. Allí Coria fue blanco de una
ráfaga de proyectiles de calibre 9 milímetros. Uno de ellos le atravesó la cadera y lo mató. Otros
quedaron marcados en un árbol y en un cantero. Coria, que estaba solo, fue víctima de un ataque por
la espalda, sin afán de robo. La policía manejó desde ese momento que era una disputa entre
sectores de la barra de Newell’s. Coria era cercano a Pimpi y en ese momento la barra de
Walter Alejandro Paré, el Rusito, ambicionaba el lugar de Pimpi.
Adentro de la cancha de Newell’s, en el medio de la hinchada y en
pleno banderazo, el 17 de febrero de 2005 fue asesinado de un balazo Gonzalo Javier Ferraro, de 21
años. Darío Alberto I., de 33 años entonces, estuvo preso 21 días. Salió por falta de mérito. La
causa avanzó hasta allí.
Uno de los asesinatos más estremecedores ligados a la barra ocurrió el
16 de junio de 2004. A Oscar “Cacho” Lucero, ex líder de la barra hasta que Pimpi lo
destronó, fueron a buscarlo a su almacén de barrio Las Flores, a la altura de Dorrego al 6300.
Estaba conversando en la puerta con su empleada cuando un balazo en la cabeza hizo desplomar a la
mujer. Se llamaba Nazaret Melgarejo, tenía 31 años y murió en el acto. La policía apresó a dos
adolescentes y dijo que el móvil del ataque había sido una represalia por un intento de robo
frustrado del día anterior. Lucero lo refutó. “Me vinieron a intimidar los matones de la
barra de Newell’s. Por apretarme a mi terminaron matando a una madre de cuatro chicos”,
le dijo entonces a este diario.
Violencia variada. Hubo otros casos graves jamás aclarados, como el del policía
César Juárez, al que balearon en el abdomen en el Coloso en un clásico en 2002, lo que en su
momento tuvo aristas de escándalo. O la advertencia a Pimpi en junio de 2007, frente al bar Tokio,
cuando recibió dos balazos en las piernas y estuvo internado en el sanatorio Plaza. El malogrado ex
jefe barrabrava no quiso señalar a los autores. Según su entorno sabía muy bien quién le había
tirado.
Es recordado también el incidente en el peaje de Zárate en abril de
2003, a un año de que Camino iniciara su supremacía en la barra, cuando su grupo se enfrentó con
hinchas de River en Panamericana dejando como resultado dos jóvenes rojinegros muertos a puñaladas
y botellazos: Claudio Puchetta y Claudio Ponce.
El único hecho por el que hubo condena no tuvo muertos ni heridos: fue
el violento copamiento de la sede de Newell’s el 26 de enero. Después de 35 allanamientos,
Camino fue detenido Capital Federal y recibió sentencia de tres años de prisión en suspenso junto a
sus hermanos Alberto y Juan Ramón. l