Este sería el segundo grupo en el mundo autorizado para la edición genética de embriones. El primero fue un centro chino que publicó sus resultados en una pequeña revista, Protein & Cell, en abril de 2015. Los investigadores de Pekín, en aquella ocasión, utilizaron 86 embriones humanos para comprobar si podían modificar el gen HBB, cuya mutación es responsable de la enfermedad beta-talasemia. El estudio fue condenado inmediatamente por investigadores estadounidenses, que argumentaron que esa práctica es “peligrosa, prematura y suscita cuestiones éticas” como que abre la puerta los “bebés de diseño”. No obstante, para minimizar la controversia ética, los investigadores chinos utilizaron embriones que no eran viables.




























