Si de algo sirvieron las elecciones del domingo pasado es que nos brindaron la posibilidad de justificar a muchos conciudadanos lo que venimos diciendo desde hace décadas: las diferencias culturales entre Rosario y el resto de la provincia de Santa Fe son cada vez más grandes y parecen poco a poco encaminarse hasta lo insalvable. Un análisis político dará la victoria a "Santa Fe Federal", que introdujo en el Congreso de la Nación cinco legisladores contra los cuatro que metió el socialismo; pero si lo vemos desde la cantidad de sufragios conseguidos el fin de semana pasado lo que hubo fue un empate técnico. Igualmente, la nota estuvo por otro lado. El departamento Rosario parece ir siempre en dirección contraria al resto de la provincia, buscando su propio rumbo abanderado por la enorme identidad cultural que supo ganarse Rosario a través del tiempo, y que sin hacer a nuestra ciudad mejor ni peor, la diferencia de la provincia de Santa Fe en casi todos los aspectos. Será hora entonces de renovar nuestra lucha por la autonomía. Al rosarino le molesta que le digan "santafesino" y está cansado de pagar impuestos a una provincia que lo vive excluyendo continuamente de todo. El rosarino quiere controlar su dinero, su policía y su educación, pero para lograr eso necesitaremos hacernos escuchar.





























