Observando con criterio racional y juicio crítico las actitudes de un personaje de la política argentina, llego a pensar que el diagnóstico que hago de la misma es justo y se llama, tal cual lo expresa el título, "Patología de la ambición". Se atribuye recibir de Dios en el Muro de los Lamentos, las indicaciones que la mueven a sus conductas y se pasa de la enorme cruz colgando de su pecho, que simbolizaba a un enorme luchador que quería conformar el reino de Dios, acá en la tierra, al lado de los pobres, los desheredados, los enfermos y todos aquellos abandonados por los centros del poder, desde una posición que aparentaba en sus inicios ser de centroizquierda a la opuesta que es la centroderecha. Jamás ha presentado, durante sus actuaciones legislativas, proyectos que favorecieran a nuestros hermanos Tobas abandonados en su provincia del Chaco y se une a otra impresentable "mutante" que pasara por toda la partidocracia, como lo es la "pibita". Por todo ello creo que de sus poros resume la ambición de poder y viene a mi mente una frase tomada de ese gran escritor ruso León Tolstoi, quien expresara: "Para conquistar el poder se necesita ambicionarlo; ahora bien, la ambición no está de acuerdo con el amor, sino con la codicia y la violencia; por ello han sido siempre los peores y no los mejores quienes conquistaron el poder". También viene a mi mente al observar a este personaje, apocalíptico y denunciante profesional, una canción de mi infancia que decía y señalaba su futuro y su destino: "Déjenla sola, solita y sola".





























