Hace una semana apareció un indigente durmiendo en la calle. Con un nailon y unas ramas improvisó un refugio sobre la pared de la Casa de Fátima, en Fisherton. Los vecinos de la cuadra le acercaron alimentos pero las noches se volvieron insoportables. El pasado miércoles, alguien se acercó y se interiorizó de su situación. Antonio le dijo que no tiene dónde ir y que la noche anterior no pudo aguantar el frío y se descompuso. Comenzaron a averiguar en qué lugar se lo podría alojar y se les ocurrió llamar al albergue Sol de Noche, de la calle Beruti al 3200. La llamada al lugar fue respondida inmediatamente y con una amabilidad realmente llamativa. Podían hacerle un lugar para pasar la noche. Antonio aceptó conmovido esta posibilidad y rápidamente trataron de conseguir un medio de transporte que lo trasladara. Alguien sugirió llamar a la GUM, dado que en las camionetas podían cargar cómodamente todos las bolsas con las pertenencias de Antonio, incluido el viejo y raído colchón que usa. Grande fue la sorpresa cuando desde las GUM informaron que los móviles de la zona se encontraban en un operativo urgente de ablación de órganos y no podían enviarlos. Tampoco podían enviar los móviles de otra zona, con lo cual se descartaba de plano la posibilidad de contar con su colaboración. A duras penas lograron cargar todo en un automóvil particular y trasladarlo hasta la calle Beruti. Allí los recibió un joven que sonriendo le dio la bienvenida a Antonio. "Acá te podés quedar todas las noches de 19 a 7 del día siguiente, luego tenés que salir para volver a la tarde", dijo. "Vas a tener comida, un lugar calefaccionado y un colchón para dormir; por tus cosas no te preocupes porque tenemos un depósito con llave en dónde las podés dejar tranquilo", añadió. Antonio agradeció y rápidamente entró a su nuevo “refugio”, la noche tenía otro color y otro calor. Lo llamativo de esto y que quiero destacar es el funcionamiento de este albergue. Es sólo para pasar la noche pero dentro de sus posibilidades le brindan todo lo humanamente necesario para estar bien. Creo que la Municipalidad debería aportar algo a este albergue. Visto esto, me digo: qué poco cuesta ser solidario. No todo está perdido.
Marcelo Dotti,
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