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Newell's le ganó a Quilmes y ahora disfruta del sabor de ser mucho más líder

Newell’s le ganó bien a Quilmes por 2 a 0, con goles de Maxi Rodríguez y Diego Mateo, y el empate posterior de San Lorenzo frente a Tigre lo afirmó como puntero, con mayor ventaja. 

Domingo 06 de Octubre de 2013

Si de mantenerse se trata, este Newell’s está llamado a ser. Despojado de cualquier presión que le metan quienes lo persiguen, el equipo de Alfredo Berti obra en base a su condición, a su necesidad y, fundamentalmente, a su convicción. Porque lejos de titubear, se afirma; lejos de ceder, obliga; lejos de relajarse, se compenetra. Y a partir de ahí todo se le hace más fácil. Por eso la condición de único líder (hoy más que nunca por el empate de San Lorenzo ante Tigre) no sólo no le pesa, sino que la revalida con elementos sólidos, a esta altura claves para izar la bandera del dulce sueño de otro título. El triunfo por 2 a 0 sobre Quilmes fue un paso más en esta larga carrera que este equipo corre con clara ventaja.

Hoy las condiciones las impone Newell’s. Eso está más que claro. Puede dar fe de ello el Ciclón. Y también el resto. Y esas condiciones se escriben con la solidez de los números, sustentados por la victorias. Porque el juego de a ratos puede sufrir una merma, pero a la larga las cosas se terminan dando a pedido rojinegro.

Ese primer tiempo en el que Quilmes presionó mucho sobre la salida y que obligó a Newell’s a un libreto desconocido, fue el mayor aprieto que sufrió la Lepra. Fue el tiempo en el que Guzmán se mostraba contrariado, peleándose con los hinchas locales, con el árbitro y hasta con su intención de salir jugando. Los centrales también la reventaban más de lo habitual y hasta Bernardi fallaba.

El remate a quemarropa de Maxi Rodríguez que Peratta le tapó en la línea recibió contestación enseguida con el disparo a las nubes de Hipperdinger, luego de que Diellos la bajara en soledad.

A esa altura a Newell’s la cosa se le hacía cuesta arriba. Muñoz no pesaba, Casco trepaba pero no desequilibraba, Figueroa era intrascendente. Todo porque la pelota llegaba más vía aérea que terrestre. Hasta que Bernardi alargó para Muñoz, llegó el centro, Pablo Pérez no pudo en el área chica y Maxi apareció por detrás de todos para empujarla al gol. No parecía lo más justo, pero así se cristalizaba la diferencia entre un equipo y otro. La que realmente existe.

Pudo haber sido justo si Caneo definía ante la salida de Guzmán en lugar de tirarse, pero ahí se terminó la cuerda de Quilmes.

Lo que sobrevino no tuvo equivalencias. Ya con un gol arriba, Newell’s comenzó a darle lustre a su mejor versión, la que lleva de la mano y, generalmente, no suelta. El punto de inflexión fue el cabezazo goleador de Mateo. A partir de ahí hubo una lucha desigual.

La rotación, el traslado cuidadoso pero ofensivo, las aceleraciones en tiempo y forma hicieron que la Lepra volcara la chapa de candidato sobre un Quilmes desorientado y resistido por sus hinchas.
Muñoz lo tuvo un par de veces y Maxi en otra en la que eligió picarla contra Peratta. Todo en medio de un partido ya definido, ganado con contundencia y con un resultado que trasladó presiones. Después, el correlato que tuvo la historia en el Nuevo Gasómetro sirvió para potenciar el verdadero sabor de ser más puntero.

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