Quisiera responder al lector Cristian Díaz, que en su carta publicada el día domingo 12 de julio, titulada "Misa y pandemia", hace una serie de consideraciones sobre la gripe A y las recomendaciones del arzobispo de Rosario. Coincido con él en que "los católicos debemos mirar el tema con fe", es decir que siempre la oración ha sido el medio eficaz para suplicar a Dios nos asista con su gracia, tanto en las necesidades espirituales como en las materiales. Pero, como católicos, debemos recordar que debemos obediencia al "ordinario de la diócesis", en nuestro caso, monseñor Mollaghan, representante del Papa aquí. En ningún momento el Papa se pronunció sobre la pandemia de gripe A, ni menos el señor obispo dispuso el cese de misas y oficios religiosos. Sí sugirió dar la comunión en la mano (con el debido cuidado de las partículas que se pudiesen desprender del cuerpo de Cristo) y suprimir el abrazo fraterno de paz, para evitar la posible transmisión del virus H1N1. Por lo tanto, sepamos interpretar lo que nuestro obispo sólo sugiere y no impone; es más, en varias parroquias los sacerdotes continúan dando la comunión en la boca. Pero en aquellas en las que el celebrante adhiere a la sugerencia dada por el obispo, debemos manifestar humildad y obediencia, no pretendiendo destacarnos cual fariseos apegados a la ley imponiendo nuestro criterio. Siempre la razón de fondo para recibir a Jesús en la boca debe ser el amor y el respeto, porque es Dios mismo quien baja a nuestra alma. Pero es Jesús mismo el que nos quiere obedientes a sus representantes en la tierra. Con nuestra oración y sacrificios podemos hacer mucho para que el Señor acorte este tiempo de prueba, que debe servir, en último término, para acercarnos más a él.





























