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Miguel Mateos se definiió como "una especie de marginal en el rock argentino"

Miguel Mateos es uno de los personajes más singulares del rock argentino. En los 80 marcó todo un récord con las ventas de "Rockas vivas", pero en los 90 tuvo que armar las valijas y se fue a Estados Unidos.

Sábado 28 de Septiembre de 2013

Miguel Mateos es uno de los personajes más singulares del rock argentino. En los 80 marcó todo un récord con las ventas de "Rockas vivas", pero en los 90 tuvo que armar las valijas y se fue a Estados Unidos. La crítica y los medios especializados siempre lo miraron de reojo, como marcando cierta distancia, pero él logró mantener una base sólida de fans con un estilo definido, que se construyó disco tras disco al margen de las tendencias de turno. "Siempre estuve fuera del establishment rockero, pero eso me ha dado más libertad", confesó en charla con Escenario.

A cinco años de su último álbum de estudio, Mateos regresó al ruedo con "La alegría ha vuelto a la ciudad", un trabajo ambicioso que en principio iba a ser un CD triple. Y este es el disco que estará presentando esta noche, a las 21.30, en el teatro El Círculo. Antes de llegar a Rosario, el cantante disparó: "Acá en Argentina parece que todos tuviéramos que componer y cantar de una determinada manera, y eso es fascista". También aseguró que se cuidó para llegar en forma a los 59 años.

—¿Cómo nació el disco "La alegría ha vuelto a la ciudad"?

—En principio iba a ser un álbum triple, lo cual era una idea muy loca. En un disco iba a poner canciones que tenían que ver con el folk, el otro iba a ser de temas pop y el tercero de rock and roll. Eso después derivó en la idea de un doble y finalmente decidí resumirlo en un solo álbum, en donde hay canciones de los tres géneros. En el disco también hay una búsqueda de un sonido distinto. Me parecía que si no lograba un sonido diferente no me iba a interesar sacarlo. Creo que es un disco más guitarrero, que tiene que ver un poco con Zas, el Zas de "Huevos" y "Rockas vivas". Incluso yo dejo un poco los teclados y me voy adelante a tocar las guitarras. A mí me gusta mucho tocar la guitarra acústica.

—En la canción "Wonderland" hablás de tu autoexilio de cinco años en Estados Unidos. ¿Por qué decidiste encarar ese tema?

—Porque tenía la necesidad de contar lo que me había pasado en esa época. Mi visión siempre ha sido la de un argento que pinta su aldea, aún en los cinco años que estuve afuera, con dolor. Y en esta canción es la primera vez que lo expreso de una forma tan explícita. Yo me fui en el 89 porque no tenía trabajo, y era muy difícil bancar una estructura de músicos, asistentes y técnicos de 12 ó 14 personas. Tampoco me gustaba lo que se venía. Desde el punto de vista político yo no estaba de acuerdo con lo que fue la década del 90. En Estados Unidos aprendí mucho, fue muy enriquecedora esa etapa. No reniego de eso, pero sí quería expresar el dolor que me causó irme.

—En la letra "El ritmo del corazón" vos decís "todos quieren ser los invitados en la mesa del gobierno". ¿Te referís a alguna situación en particular?

—Muchas veces yo he apelado a metáforas de ese tipo. Pero sí, pareciera que hay algunos invitados en la mesa y otros no. Y hay varios que quieren serlo. El año pasado me invitaron a tocar en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Ahí toque "Huevos", y jamás en mi vida pensé que iba a pasar eso, parecía mentira que estuviera tocándola ahí. También hice "Los argentinitos", que fue mi canción crítica de los 90.

—La pregunta venía a cuento de que vos cuestionaste a los que cobran un dineral por tocar en los recitales gratuitos auspiciados por el gobierno...

—Sí. Me parece que hay cierta falta de recato y de decoro con ese tema. Si a mí me dicen de tocar para la festividad del 9 de julio, el Día de la Independencia, yo tocaría gratis, creo que solamente cobraría el flete. Hay que ubicarse en una escala más realista. ¿Me entendés? Porque tenés gente al lado que no la está pasando bien. Y no quiero seguir hablando porque bué... Cada uno hace lo que puede y lo que siente. Mi nuevo clip, "Un ying para un yang", fui a grabarlo a Puerto Madryn, para promocionar esos lugares secretos y maravillosos que tiene la Argentina. Y eso está en mi prédica desde hace años. Yo sigo afirmando que el que se va de la Argentina pierde. Los recursos humanos y naturales de esta parte del mundo son increíbles.

—La forma de escuchar música ha cambiado mucho en los últimos años con el MP3. La gente parece concentrarse menos en un disco entero. ¿Eso influye a la hora de concebir un álbum?

—Es cierto que han cambiado un montón de cosas, pero hay que aggiornarse. Es más, yo no sé si vale la pena hacer más discos así, salvo que sea algo muy conceptual. Este tal vez sea mi último disco editado como álbum y en formato físico. Yo lo veo diariamente en Amazon y en ITunes. La gente no se baja todo el disco, se baja cuatro o cinco canciones, que generalmente son las mismas, tanto acá como en otros países de Latinoamérica. En ese sentido yo le veo poca vida al formato álbum/CD. Supongo que va a haber cada vez más download, y la gente lo va a escuchar directamente desde el teléfono o el IPad. Eso hay que asumirlo. Yo soy un gran fan del disco como contenido, del disco con las 13 ó 14 canciones, porque es el trabajo de dos o tres años de un tipo, pero lo concreto que es los signos de los tiempos están cambiando.

—En una entrevista dijiste que con tu nuevo disco querías recuperar la alegría de los 80. ¿Qué había en los 80 que ahora está faltando?

—Había una esperanza tremenda. Fue una década muy rica en lo cultural, a nivel nacional y mundial, tanto que se sigue revisitando su moda, su música y su arte en general. Y en Argentina estábamos saliendo de una dictadura, con todo lo que eso significa, pero sabíamos que las cosas iban a mejorar.

—Vos sos un referente de los 80 y de lo que significó esa década musicalmente. Sin embargo la crítica y cierta elite rockera no te han tratado muy bien. ¿Te sentís un outsider del rock nacional?

—Sí, siempre estuve fuera del establishment rockero. "Outsider" es una buena definición, pero es una definición muy anglo, no? Digamos que soy una especie de marginal en el rock argentino. De alguna manera eso me encanta, porque me ha permitido tener más libertad creativa, más independencia. ¿Por qué pasa eso? No sé. Alguna vez habré discutido alguna cuestión musical con algún pope de esa suerte de establishment. Acá en Argentina parece que todos tuviéramos que componer y cantar de una determinada manera, y eso es fascista. Yo siento que no se me juzga desde el mismo lugar que se juzga a mis colegas, ni en mis shows ni en mis discos. Pero a esta altura lo tengo asumido, y ya no tengo edad para ponerme a pelear por estupideces. Por suerte es mucha la gente que compra mis discos y que va a mis recitales.

—Tu hijo es guitarrista y de hecho toca en tu último disco. ¿Qué le transmitís como consejo, de acuerdo a tu experiencia?

—Mi hijo es guitarrista y además estudia Comercio Exterior en la Facultad. Hace muchas cosas. No sé exactamente qué le he trasmitido yo, pero supongo que tengo que ver con el hecho de que le guste más John Meyer que la cumbia. También le llama la atención Pappo como guitarrista, y eso es interesante. Desde chico traté de ponerle música que le abriera la cabeza, y a partir de ahí él eligió. Claro que hay cosas que él escucha que yo no comparto. A mí no me gusta el violero de los Red Hot Chili Peppers, John Frusciante, pero él lo adora. Yo trato de que escuche a Johnny Marr, de los Smiths, y nos divertimos mucho con esas diferencias.

—El año que viene cumplís 60...

—Ni me lo recuerdes (risas).

—¿Por qué? ¿Te llevás mal con el paso del tiempo?

—No, no me quejo. Desde el punto de vista físico e intelectual he llegado en buena forma. Supongo que será un cumpleaños más. No sé cómo lo voy a festejar. Cumplo todo el ciclo del horóscopo chino, soy serpiente, igual que la presidenta.

—Se nota que te cuidaste, más allá de la vida en la giras...

—Sí, no hubiese llegado hasta acá si no me cuidaba, siempre en la medida de lo posible. También he pasado por los 80, que fueron años muy vertiginosos, muy a full. Ahora gradúo la cantidad de alcohol que tomo y he dejado de fumar, sólo fumo algún puro de vez en cuando. También hago ejercicio tres veces por semana, juego al básquet y tengo una vida muy apacible y tranquila. Eso me ha ayudado mucho.

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