El viernes pasado fueron declarados inocentes y libres de culpa y cargo por el Tribunal Internacional de La Haya por los crímenes de guerra en la ex Yugoslavia los generales croatas Ante Gotovina y Mladen Markac. La noticia recorrió el mundo y desató la euforia del pueblo croata en Croacia y en la diáspora. Croacia tiene algo menos de cinco millones de habitantes y casi otro tanto dispersos por el mundo. El viernes, esos casi 10 millones de croatas festejamos espontáneamente y juntos la inocencia y la consecuente liberación de nuestros héroes. Bajo el mando de Gotovina y Markac, Croacia recuperó Kraina, la última porción de territorio croata usurpado por el Ejercito yugoslavo del gobierno de Belgrado. De esa manera terminaba una invasión injusta y muy cruel, que duró más de cuatro años como respuesta a la voluntad del pueblo croata de ser libre e independiente. Finalmente Croacia fue soberana, dentro de sus reconocidos y legítimos limites. Este resultado hirió mortalmente a Serbia y molestó a algunos de sus poderosos amigos. La guerra terminó y el mundo quiso saber qué había pasado. Se empezó a investigar y aparecieron el ex presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic; el ex presidente de la República de Serbia, Radovan Karadcic, y el general serbio Ratko Mladic, acusados de crímenes de lesa humanidad, como criminales de guerra y enjuiciados por el Tribunal de La Haya, constituido a ese fin. El mundo empezó a enterarse de los horrores de esa injusta invasión, pero simultáneamente Serbia y sus "amigos" elaboraban la teoría de "guerra civil" entre hermanos. No habría invasores ni invadidos. Absurda pretensión, dado que todas la acciones bélicas y las masacres de civiles se desarrollaron en el suelo croata. Ni un solo disparo se escuchó fuera de nuestras fronteras. Serbia, mediante el poderoso ejercito yugoslavo, invadió y masacró a una Croacia pacífica e indefensa. Parte de ese operativo era encontrar la contrapartida de Milosevic, Karadcic y Mladic. Y entonces, qué mejor que destruir a los generales Gotovina y Markac. El calvario duró siete largos años de prisión pero, finalmente, la verdad salió a la luz y se hizo justicia. Croacia está acostumbrada a ser la "cenicienta" de Europa. De alguna manera, siempre se nos cuestiona y se buscan excusas para hacernos culpables de algo. Entonces, mas allá de celebrar el fallo del Tribunal de La Haya, por liberar a nuestros héroes, festejamos el mismo como un logro de un pueblo que evidencia que recuperó su derecho a la autodeterminación, con armas legítimas, empuñando en una mano la verdad y en la otra la justicia.

























