Los de afuera son de palo dicen los jugadores de truco cuando un espectador quiere entrometerse aunque no sepa jugar. Análogamente los no católicos carecen de autoridad para opinar sobre el celibato eclesiástico ya que si no son religiosos no lo pueden comprender de la misma manera que si yo imprudentemente pontificase sobre los rabinos. Muchos críticos profesan el dogma laico que no se puede vivir sin sexo y consideran a la castidad como antinatural aunque algunos paradójicamente consideran natural a la homosexualidad, travestismo y otras cuestiones. Y en su ignorancia desconocen que son también célibes los monjes budistas, los yoguis indios, ascetas musulmanes y gente no religiosa pero volcada íntegramente a su ideal o vocación, científica, política. Otros tienen la ilusión de que si los curas se casasen desaparecerían los escándalos en la Iglesia sin tener en cuenta que dado la fragilidad de la naturaleza humana en cambio habría infidelidades, divorcios y asimismo casos de pederastia como ocurre entre los laicos; amén de otros inconvenientes cuando se presentasen dilemas o conflictos para el sacerdote casado entre su Iglesia y su familia. Recordemos que Jesús en el Evangelio dijo que no se puede servir a dos señores y asimismo que hay eunucos que a sí mismos se hicieron tales por el Reino de los cielos (Mateo 19). De manera que el celibato tiene sólidos fundamentos. Otros en forma simplista arguyen que un sacerdote célibe no puede aconsejar en materia de familia. Absurdo, con ese criterio un médico que no haya padecido una enfermedad no podría tratarla, o un abogado que no haya enfrentado un pleito personal actuar en otro análogo de un tercero. ¡Para qué están los estudios especializados y las respectivas vocaciones y aptitudes! También es verdad que el celibato eclesiástico no es un dogma y por ende esencial para la Iglesia de manera que podría suprimirse o tal vez mejor reformarse. Por ejemplo limitando la plenitud del sacerdocio y las máximas dignidades eclesiásticas (Papa, obispos) a los célibes, estableciendo renovaciones periódicas de los votos de castidad.























