Las recordaciones históricas suelen ser usadas para diluir contenidos cuando de luchas se trata, lo que se utiliza para situaciones actuales; quisieran recordaciones casi escolares. El Grito de Alcorta fue un grito de miles de chacareros arrendatarios, expoliados sin delicadezas. Recorrían los campos de día y de noche con inclemencias del tiempo o sin ellas, en sulkys o carros reclamando contra contratos de arrendamientos leoninos, por corto tiempo, que les dejaba algunas veces hasta menos que un salario digno, que imponían obligaciones que hoy parecerían absurdas. Por ello fue un Grito antiterrateniente, por la dignidad humana. ¿Es sólo el pasado? Se quiere imponer un "sentido común" que sostenga el diálogo, el acuerdo, la no confrontación. No todo es gris, ni fu ni fa. Actualmente hay concentración de la tierra y extranjerización, explotación del suelo que suele comprometer el recurso tierra, concentración de medios de producción. Y ¿no hay contratos leoninos a favor de terratenientes o grandes contratistas, que no vestirán traje y chambergo, andarán, seguramente, en jeans, o pueden ser esos oscuros y aparentemente anónimos fideicomisos?, ¿no habrá luchadores por libertad "con cacerolas lustrosas"? (¿cómo serían las cacerolas de los chacareros en 1912?) No está mal poner pasión en las demandas actuales sobre propiedad de la tierra, su soberanía argentina, el cuidado de los suelos más fértiles del planeta, descubrir mano de obra esclava que suele usarse, reivindicar la explotación familiar. ¿Quién se queda con lo que rinde generosamente la tierra? Los que fueron actores de hitos de lucha ponían pasión y algunas veces la vida. Alcorta tiene su historia sobre ello. Dialogar, sí, acordar, sí, pero no para conceder y dejar páginas en blanco.























