En el suplemento "Señales" del pasado domingo, en página 6, leímos el comentario sobre el ensayo del periodista francés Jean-Claude Carriére, "El problema más difícil", referente a Albert Einstein. Obviando la teoría de la relatividad, nos trasladamos al antepenúltimo párrafo de la nota donde señala la intuición pacifista de Eisntein, donde piensa sobre el futuro señalando el gran gasto que se hace en movilizar conciencias y el apoyo al proyecto de horror que se avecina. Por aquellos años, presentar cierto movimiento interior del ánimo vaticinando mucho tiempo antes cosas que podrían ocurrir, como ser el gran colisionador de gadrones, son presagios que escapan al común de las personas y que sólo pueden anidar en la mente de un gran sabio, como en este caso, Einstein. La máquina de Dios es como vulgarmente se denomina al acelerador de partículas instalado en el centro europeo de física nuclear, en Ginebra; sólo pensar que esta máquina por una pérdida de gas helio, elemento químico altamente inflamable y que dejó de funcionar en setiembre del año pasado, hace erizar los cabellos hasta el más valiente. Hasta la fecha se desconoce públicamente qué ocurrió con este complejo atómico, cuyo costo inicial oscilaba en 1.700 millones de euros. De lo único que se presupone es que las premoniciones de Einstein fueron evaluadas por el tribunal de Hawai. Denuncias que formularon los físicos nucleares: el norteamericano Walter Wagner y el español, Luis Sancho, acusando al gobierno de los Estados Unidos, afirmando de que existe la posibilidad de que se desencadenen procesos capaces provocar una impredecible hecatombe galáctica. Postura rechazada por la comunidad científica, que a su entender, carece en absoluto de cualquier respaldo matemático que la apoye.





























