Hoy cumple 50 por ciento de su vida el año 2012. Finalizado este primer semestre el gobierno no puede sacar a la Nación del marasmo económico en el que la ha sumergido. Los indicadores oficiales y privados resultan ser negativos y con futuras situaciones agravadas. La expresión recientemente acuñada "rascar la olla" posee reminiscencias de "cacerolazo". Al día de hoy las ollas son rascadas para diferentes objetivos por el gobierno nacional y por las provincias más importantes del país (Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba). Del elenco oficial surge una única voz para informar decisiones ejecutivas, para anoticiarnos sobre permanentes enfrentamientos, para que confirmemos la ignorancia con que se maneja esta dolorosa realidad. Ahora bien, si las decisiones fueron incorrectas, si los enfrentamientos provocan fisuras o si la ignorancia sobre la realidad hunde al país nadie se hace responsable pues el resto del equipo oficial asume el triste papel del "perrito de luneta" aprobando todo sin objeciones. Cuánta tristeza provoca el hecho de contar con un país asombrosamente rico y con mayores posibilidades a futuro pero que, no obstante ello, haya reducido ese soberbio capital a una desesperada captación de fondos para cumplir impostergables compromisos asumidos. Un imparable crecimiento del gasto público, una obsoleta cuan deficiente administración, una interesada negación de la situación inflacionaria, una moneda en caída libre, una corrupción sin límites, un total incumplimiento de los controles obligatorios, una justicia dependiente y desviada, el empecinamiento en un modelo que no da para más son los elementos que están arruinando la vida de los argentinos. Este desquicio es totalmente intramuros y puede admitirse que la ruinosa situación financiera internacional tiene algo de influencia en el mismo pero si la caridad bien entendida empieza en casa entonces hemos estado muy poco caritativos con nosotros mismos.























