Por mucho que se escuche hablar a los funcionarios municipales sobre proyectos y promesas, la gente común de clase media y baja, que conforma la mayoría de la población rosarina, ve reiteradamente que el propósito de nuestros augustos representantes comunales es algo así como un sueño. Como el "sueño de una noche de verano", que escribiera nada menos que Shakespeare. Nuestra intendenta está embelesada con las obras mega fabulosas, más bien faraónicas, como enormes cocheras debajo de una plaza pública, con lo que va a destruir una parte importante del centro de la ciudad. ¡Pobres vecinos de plaza San Martín! Antes se soñaba con el tren bala y ni hablar del Puerto de la música, que demandarán exacciones fabulosas. La gente común, trabajadora, que se levanta temprano para trabajar y a veces llega muy tarde a su hogar, quiere una ciudad tranquila, limpia, acogedora sin tantas pretensiones, donde se pueda recibir beneficios, nada exclusivos, comunes, acorde al desembolso fiscal que realiza. Y ello así, porque nadie se engaña, la comuna gasta lo que aporta el vecino, las obras costosas equivalen a aumentos de servicios y gabelas que resultan, finalmente, un sacrificio económico que la mayoría lo sufre y muchos no pueden afrontar. Nuestra intendenta mira exclusivamente del centro hacia el río, lo demás no existe. La gente quiere agua, luz, pavimento, cloacas, y después de concluir con ello eficientemente, que se hagan las obras súper impresionantes que quieran. Invito a la señora intendenta que recorra íntegramente la ciudad, no en auto, porque a pocas cuadras va a tener la carrocería deshecha. A pie, un poco cada día, y se va a asombrar de lo difícil que es gambetear las veredas rotas, algunas destrozadas, y cruzar una calle sin caer a un pozo inhumano. Le recomiendo fervientemente a la señora intendenta, con todo respeto, que lea el artículo publicado en el diario La Capital de Rosario, el dia 8 de junio, cuya autora, a quien no conozco pero felicito especialmente, es la arquitecta Yanina Andrea Nicastro, y su título es "Vivir en el barrio". No podemos dejar de lado, en absoluto, el consumo pernicioso de la droga, en aumento día a día, además de la inseguridad que la convertirá, de seguir así, en una ciudad similar a aquellas del oeste americano.























