El 28 de junio las urnas dieron su veredicto. La inmensa mayoría de quienes cumplieron con el deber cívico de votar decidió castigar al gobierno nacional. El 28 de junio Cristina sufrió una dura derrota y es su obligación ejercer el poder de aquí hasta el fin de su mandato de la mejor manera posible para garantizar la gobernabilidad del régimen democrático. ¿Por qué perdió Cristina? A mi entender el castigo electoral se debió fundamentalmente a una sensación de hartazgo que comenzó a gestarse el día después de su aplastante victoria en 2007. Pese a su innegable inteligencia y su brillante oratoria Cristina no fue capaz de hacerse querer por el pueblo, fundamentalmente por la clase trabajadora. Jamás logró quitarse de encima la imagen de mujer soberbia, petulante, incapaz de reconocer sus defectos. Para peor, la presencia del ex presidente Kirchner no hizo más que opacarla, quitarle protagonismo. La sensación de que el Poder Ejecutivo era ejercido por el "matrimonio presidencial" atentó, en mi opinión, contra las posibilidades de Cristina de ejercer el poder plenamente. Otro factor que es imposible negar es la propensión genética de Cristina (y de su esposo, obviamente) a la confrontación permanente. Si bien es cierto que el conflicto hace a la esencia de la democracia, también lo es que el maniqueísmo político radical no hace más que provocar un innecesario desgaste político. Confrontar hasta las últimas consecuencias no hizo más que alimentar el sueño de quienes abogan por la restauración conservadora en la Argentina. Por último, no puede dejar de ser señalado el factor económico. Pese a la excelencia de la macroeconomía vastos sectores de la población están sufriendo desde hace tiempo el embate de la inflación, verdadero cáncer que destruye el tejido social. Ojalá que el duro traspié del 28 de junio haga reflexionar a Cristina para que, de aquí hasta diciembre de 2011, sea la verdadera presidenta de la República. Que así sea.





























