Con respecto a la carta destacada del sábado pasado, opino que los delincuentes no son los mismos; son cada vez más y están en todos los estratos de la sociedad. Los delincuentes si no nacen, se hacen. El problema reside en que como humanidad estamos evolucionando en la ciencia pero involucionando en lo que respecta a su salud, su libertad y su paz. Decía el filósofo Carlos Brandt: “El hombre lleva una vida trágica, miserable, porque está constantemente asaltado por la tiranía de los otros hombres que nos explotan; la tiranía de las pasiones enferman, pervierten y degeneran, la tiranía del temor a los otros que nos deprimen. Estamos orgullosos de los adelantos de la civilización. ¿Pero somos más sabios, más buenos y más sanos que nuestros antepasados que no tenían estas maravillas tecnológicas?
El único progreso real es el que se produce dentro de nosotros, dentro de nuestro cerebro, en nuestra voluntad, en nuestro ser moral. Envidiamos las riquezas de los otros y sus talentos artísticos o deportivos. ¿Pero quién envidia la virtud (se entiende por lo opuesto al vicio)?”. Cuando los virtuosos sean escuchados y los demás comprendan que las raíces de la delincuencia son la miseria y la falta de una correcta educación, este problema que nos azota cada vez más comenzará a revertirse. Decía el filósofo Boecio: “El que es virtuoso es sabio, el que es sabio es bueno, y el que es bueno es feliz”.























