Detrás de la sombra gigante del economista británico John Maynard Keynes, cuyas
propuestas para superar la crisis de 1929 le otorgan hoy el rango de padre salvador en momentos de
extrema recesión, se acomoda en silencio la figura del polaco Michal Kalecki, especializado en
macroeconomía y considerado por algunos estudiosos como el gran innovador de las teorías ortodoxas
que marcaron el siglo XX.
A pesar de coincidir con Keynes en muchos aspectos de sus elaboraciones
teóricas, Kalecki se distanció del inglés por su formación autodidacta marxista y por una prédica
mucho más orientada hacia la redistribución del ingreso como primer paso para construir una
sociedad no necesariamente capitalista.
El anticapitalismo, en sus vertientes teóricas y como práctica política, es la
nueva moda social en la Europa de la recesión.
La transformación conceptual del término economía aparece como una de las
señales que dan cuenta de la intensidad del cambio que ocurre en este momento en el entramado
político-intelectual del mundo occidental. Después de la revolución neoconservadora encabezada en
los 80 del siglo pasado por Estados Unidos y Gran Bretaña, la economía como materia de estudio
perdió sus raíces humanistas y filosóficas para convertirse en una disciplina puramente
científica.
Esto desembocó en la doctrina de "economía de mercado" como única regidora del
destino de las sociedades capitalistas.
Los sacudones financieros actualizaron la necesidad de
volver a encontrar las connotaciones históricas e institucionales de un saber relacionado con el
origen de las sociedades. En este punto, volvieron al tope de la agenda de debate los nombres de
John Maynard Keynes y del alemán Karl Marx, cuyos análisis sobre el capitalismo
—ridiculizados desde los think tank neoliberales— aportan hoy elementos que ayudan a
encontrar pistas para escaparle a la crisis.
Un ilustre desconocido
A estos nombres, sin embargo, muchas veces le falta el de Michal Kalecki,
economista polaco nacido en la ciudad de Lodz en 1899 formado como autodidacta primero y luego en
la London School of Economics, donde conoció y frecuentó a Keynes.
Kalecki escribió su "Ensayo sobre la teoría del ciclo económico" en 1933,
adelantando las ideas esenciales de la futura "Teoría general del empleo, el interés y el dinero"
que Keynes publicó en 1936 y que revolucionó al pensamiento ortodoxo imperante, sobre todo en la
Inglaterra de la Depresión de los años 30. "Son contemporáneos, pero independientes. Hay que tener
presente que Kalecki era polaco y marxista. Entonces, pese a haber sido el verdadero precursor, la
revolución del pensamiento se le atribuyó a Keynes", explicó Angel Sciara, economista y ministro de
esa cartera de Santa Fe.
Si bien los especialistas coinciden en señalar que ambas teorías son parecidas,
las consecuencias políticas, económicas y sociales de cada una de ellas no lo son en igual
medida.
Tanto el polaco como el inglés coinciden en que la deficiencia de la demanda
efectiva explica la recesión, y que la salida pasa por el incentivo al consumo, a la inversión y a
las exportaciones. Pero según puntualizó Sciara, la concepción del capitalismo de Kalecki
—que trabajaba con una matriz marxista— explica su énfasis en la distribución del
ingreso, un punto donde se diferencia claramente de la ortodoxia de Keynes.
Mientras el inglés buscaba mecanismos y políticas económicas para "salvar" al
capitalismo de las depresiones, Kalecki apuntaba a una superación de ese modo de producción hacia
nuevas formas de organización social.
"La diferencia tiene que ver con el papel que juega el Estado en la utilización
del gasto público. Keynes apunta a la superación del ciclo descendente para preservar al
capitalismo, sin fijarse a qué sectores beneficia. Para Kalecki, el gasto y la inversión públicos
deben favorecer una redistribución progresiva del ingreso, es decir, orientados a la transformación
del capitalismo", dijo Sciara.
Por ese motivo, para el ministro el pensamiento de Kalecki es "de total
actualidad y mucho más ajustado al capitalismo contemporáneo" que la teoría general de Keynes. "Hoy
sería mucho más beneficiosa una política kaleckiana que una keynesiana", concluyó el académico.