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Hallan muerto a un hombre con un tiro y dentro de su departamento céntrico

No tenía familia y lo encontraron los vecinos en medio del desorden. El deceso dataría de cinco días e investigan un posible robo. Vivía en el 4º B de Entre Ríos 1248.

Domingo 08 de Diciembre de 2013

Enrique "Lucho" Luzuriaga era un "buen tipo, responsable, serio, reservado y con algunos problemas económicos", según comentaron ayer algunos de sus vecinos. Vivía en el 4º B de Entre Ríos 1248. En ese lugar de no más de 50 metros cuadrados, que estaba revuelto y algo sucio, lo encontraron el jueves a las 17.30 con un tiro hecho a corta distancia, debajo de la tetilla izquierda.

Según fuentes policiales, los primeros pesquisas en ingresar al departamento cuya puerta estaba entreabierta se toparon con un hombre mayor recostado en la cama y envuelto en una sábana, con muchas manchas de sangre. La luz parpadeante de una bombita apenas colgada en la cocina, varios objetos tirados en el piso y sucios, un revolver calibre 3.57 sobre una vitrina y un ineludible aroma nauseabundo en todos los rincones completaban el lugar.

Luzuriaga era un hombre solitario y circunspecto que vivía en Rosario desde 1988. "No tenía ni amigos ni enemigos, ni novias, ni una chica que lo visitara", dijeron en el edificio donde el hombre era uno más. Soltero, sin hijos, sin amantes ocasionales y con algunos problemas de salud.

Olores feos. En el 4º piso de Entre Ríos 1248 hay cuatro departamentos. En el A y en el B viven dos ancianas. Una de ellas olió mal y se extrañó de no ver "al señor de al lado". Entonces le avisó a Cirilo, el portero, y éste se comunicó con un primo hermano de "Lucho". Al final al departamento entró el familiar, el portero, las dos vecinas que tiraban desodorante de ambiente para alejar el nauseabundo olor y los administradores de dos hoteles que están en 3 de Febrero y Entre Ríos y en los cuales la víctima supo trabajar. En uno de esos negocios, precisamente, "Lucho" tenía una confidente, alguien que al menos le preguntaba por él.

Se trata de Eva. En las charlas con ella Luzuriaga no tenía reservas. Poco a poco le contó su vida, reconstruida ayer a partir de varios testimonios. Vino a Rosario en 1988 desde Mar del Plata tras haber vendido allí un terreno y guardar el dinero. Sus padres habían fallecido allá aunque eran oriundos de Fuentes, un pueblito cercano a Rosario. Comenzó a vivir en el hotel "La Viña", en 3 de Febrero al 1200, con algunos ahorros que tenía. Aunque al poco tiempo se quedó sin dinero y comenzó a trabajar en ese establecimiento "por casa y comida".

Luego se mudó a una pensión que estaba enfrente de ese hotel y se hizo cargo de Hugo, un amigo mayor que él que no podía valerse por sí mismo. Un día derrumbaron la pensión y levantaron otro hotel. En ese período los dos hombres, solos ante sus días, se mudaron al departamento de calle Entre Ríos donde Hugo murió "hace un par de años" y "Lucho" siguió solo hasta esta semana.

Todo revuelto. "Cuando entramos el olor era insoportable, estaba todo revuelto y desordenado. El había tenido poliomielitis, rengueaba y le dolían un poco las articulaciones. Era un buen tipo, muy correcto. Estaba en la cama, creo que semidesnudo. Yo no le vi el tiro pero después me dijeron eso. Es posible que una mujer lo haya visitado, no sé, me parece", contó indignada y llorosa Marita, la administradora de uno de los hoteles.

"Lucho" llevaba al menos cinco días sin vida. "No sé como no escucharon nada", deslizó Marita. En tanto Cirilo, el portero, contó que "nunca venía nadie, ni mujeres ni amigos", y aclaró: "No vi nada raro esta semana. Era un hombre alto y delgado que hablaba poco. Nunca entró nadie al departamento que él cerraba siempre con llave. No era distraído", dijo para luego callar.

Para Eva, la compañera de trabajo en el hotel que le prestó oreja, en ocasiones "Lucho estaba mal de salud, medio pálido. Cuando le hablaba de tener una mujer me decía que no podía mantener a nadie, que estaba mal de plata. Es más, había cortado el cable porque no podía pagarlo. Pero él tuvo unos ahorros en un momento y entregó algún dinero", develó la mujer.

Dice la versión de los vecinos que Luzuriaga le dio a una mujer que trabajaba en una joyería un dinero para que le comprara lingotes de oro. Pero el metal precioso nunca apareció. "Lucho" tenía apremios de bolsillo y luego de que un par de compañeros le insistieran en que intentara cobrar esa deuda, él habló con la mujer y acordó la devolución "poco a poco, de a puchitos" del dinero, aseguraron en el entorno de la víctima.

Otra visión. "Para mi se suicidó. Le gustaban las armas y a mi también me gustan. Las limpiábamos y hablábamos de armamento. Tengo entendido que tenía un permiso de tenencia de armas, no de portación. Era un tipazo, con su pantalón planchado, sus zapatos y su camisa blanca sobre la camiseta. ¿De qué trabajó de joven? No sé, no me dijo nunca", relató mientras jugaba con un cigarrillo entre sus manos sudadas el conserje del hotel de calle 3 de Febrero en el que Luzuriaga cubría francos y algunos nocturnos, para sumar pesos a su pensión graciable y sus recursos mínimos.

Era ordenado. En una libretita espiralada anotaba sus ingresos y egresos, sus gastos de comida, sus impuestos y sus acreencias. La libretita tal vez no aparezca. "Al departamento entramos tres o cuatro. Una mujer limpió el piso, la vecina tiró desodorante de ambiente, todos pisotearon y si alguien se llevó algo como plata o papeles, nunca se va a saber", contó Marita, quien lo conoció mucho.

Sin parientes, sin amigos, sin hijos, sin vida anterior. El cuerpo de Luzuriaga fue enviado al Instituto Médico Legal para la realización de la autopsia que borrará todas las dudas y el cuerpo permanecerá en el silencio que siempre mantuvo en vida Enrique Luzuriaga, "Lucho", el buen tipo.

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