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Hallan asesinado de dos balazos a un hombre en el techo de un búnker

Las historias ligadas a los quioscos de venta de drogas en los barrios periféricos de la ciudad se han multiplicado en los últimos tiempos hasta superar los límites del asombro.

Sábado 14 de Diciembre de 2013

Las historias ligadas a los quioscos de venta de drogas en los barrios periféricos de la ciudad se han multiplicado en los últimos tiempos hasta superar los límites del asombro. Relatos de vida, sobrevida y muerte exponen en las crónicas policiales un proceso brutal que marca el día a día de los vecinos. La última de esas historias, al menos de las conocidas, tuvo lugar ayer en un pasillo de Lima al 2500, donde se juntan las villas Pororó y Banana. Allí hay un quiosco que funciona desde hace más de tres años y que ya había sido noticia dos veces: en abril del año pasado un expendedor de drogas de ese lugar denunció que los dueños del búnker habían secuestrado a su pareja embarazada para presionarlo; y en noviembre de 2012 los vecinos lo derrumbaron después de que un soldadito hirió a un pibe del barrio.

Ayer a la mañana, en tanto, sobre el techo de esa cueva con paredes de ladrillos de 45 centímetros fue hallado el cuerpo de Gabriel Monzón, un chaqueño de 36 años con domicilio en las inmediaciones de bulevar Seguí al 3000. El hombre tenía dos balazos a la altura de la zona axilar: uno que le atravesó el brazo derecho y se incrustó en su hemitórax, y el otro en el brazo izquierdo. La víctima no tenía armas, pero extrañamente portaba sus documentos. Entre ellos tenía la tarjeta verde de una moto Cerro 110.

Los vecinos relataron a los policías del Comando Radioeléctrico que arribaron a la escena del crimen que durante la madrugada, aproximadamente a la 1.15, se escucharon varias detonaciones de armas de fuego. Pero la fuerza se enteró de lo sucedido cerca de las 9 de la mañana cuando un llamado al 911 alertó "sobre la existencia de un óbito sobre el techo de una vivienda", como explicó una fuente allegada a la investigación en manos del juez de Instrucción Alejandro Negroni.

Demorado. En el marco de la pesquisa quedó demorado por efectivos de la comisaría 13ª un hombre cuyos datos no trascendieron y que alrededor de las 2.30 circulaba por Ocampo al 4300 en la moto Cerro 110 cuya tarjeta verde tenía en su poder Monzón. A esa hora los policías desconocían aún que sobre el búnker de venta de drogas de Lima al 2500 había un muerto. Y el hombre demorado fue llevado "en averiguación de posible captura". Ahora su testimonio será vital para conocer en qué circunstancias accedió a la moto de Monzón y que relación tenía con el muerto.

El pasillo. A la altura del 2500 Lima es una calle con su mejorado parcialmente destruido y contenida por dos bulevares: Presidente Perón (ex Godoy) y 27 de Febrero. La cuadra está dominada por humildes viviendas, de las que sobresale una adornada por banderas rojas y un santuario a la figura pagana del Gauchito Gil. La cueva de venta de drogas donde fue hallado Monzón está ubicada en un pasillo en forma de "T" al que se puede acceder por Perón, por 27 de Febrero o por Lima 2545. Está a unos 250 metros del Centro Municipal de Distrito Oeste y frente al centro comunitario "Alma mía". Sobre el polvoriento pasillo, la presencia de "papelitos", como en la jerga se denomina a los envoltorios de las bochitas de droga, precedía el ingreso a una construcción con paredes anchas y sin ventanas a la que se ingresa por el costado más alejado del pasillo.

Las fuentes consultadas describieron el lugar, al que no se pudo acceder por estar vallado, como un laberinto al que primero se accedía por una puerta de metal de unos 60 centímetros de alto por 50 de ancho. Luego podía observarse una ventana de 30 por 15 colocada a 1,20 metro del piso. Adentro del búnker no se encontró nada. No había droga, dinero ni vendedor. Claro está que desde el asesinato de Monzón, estimado a la 1.15, y la llegada de la policía a la escena del crimen, cerca de las 9 de la mañana, el lugar quedó en manos de sus propietarios.

El año pasado. El quiosco de venta de drogas en cuestión se ganó un lugar en las crónicas policiales cuando en abril de 2012 un muchacho de 22 años denunció ante la policía que los dueños del lugar tenían "secuestrada" a su pareja, una mujer de 21 años que por entonces estaba embarazada. La muchacha había sido retenida por una deuda que mantenía el denunciante con el transa.

El búnker fue allanado y hubo dos detenidos, de 20 y 44 años. Los hombres quedaron a disposición del juez Alejnadro Negroni, el mismo que ahora investiga el crimen de Monzón, y se le dio conocimiento a la fiscalía federal en turno. Siete meses más tarde, el sábado 17 de noviembre de 2012, un soldadito del búnker discutió con un pibe del barrio y lo baleó. Eso hizo que la barriada se revelara, expulsara al transa y demoliera el búnker. Una doña del barrio contó a los medios tras la demolición: "Este lugar hace tres años que está y desde entonces cambiaron tres veces de dueño. Andan con armas todo el tiempo y nuestros chicos no pueden jugar en ningún lugar. Queremos que alguien nos respalde", relató la vecina. La mujer agregó: "Yo hice la denuncia en uno de los buzones de la vida (ubicados en todos los centros municipales de distrito) y no tuvimos respuestas". Trece meses más tarde, el búnker gozaba de buena salud.

Ante la presencia policial, los vecinos de Lima al 2500 se llamaron a silencio ante la presencia de la prensa, aunque no se perdieron detalles del momento en el que personal de bomberos, ya sobre el mediodía, bajaron del techo la cadáver de Monzón. Cuando los efectivos del Comando llegaron al lugar encontraron el cuerpo de Monzón en posición de cubito ventral, a la sombra de un árbol. Vestía bermudas y una remera blanca y una campera deportiva de la marca de las tres tiras. ¿Qué hacía la víctima en un lugar tan sensible como el techo de un búnker de venta de drogas?, es la pregunta que marcará el rumbo de la pesquisa. Monzón tenía en su poder toda su documentación y la de la moto Cerro 110 que fue hallada una hora después de su muerte.

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