Albert Einstein decía: "Lo importante es no dejar de hacerse preguntas". Creo tener algunas respuestas, pero siempre dejo mis ideas inconclusas, para que con opiniones fundamentadas o a través del debate poder enriquecerlas. Por eso, no dejo de preguntarme cosas que he leído o escuchado: la Argentina pasó de ser un país bien posicionado a principios del XX, a tener elevados índices de pobreza, a mi entender atribuidos a la búsqueda de soluciones extremas y contradictorias, ese alternar entre socialismos y capitalismos, en términos estrictamente ideológicos. Con esta ausencia de consensos se nutre el descontento que genera la pobreza y a su vez lo retroalimenta. ¿La tolerancia ideológica, no sería un camino viable? Escuché que la gripe A "es de las clases altas o que viven en el centro y el dengue de las clases bajas". ¿Acaso la virulencia no está en todas partes, y el mosquito no sólo sobrevuela los barrios empobrecidos, sino también los coquetos márgenes costeros? ¿Necesitamos a las azafatas nudistas neocelandesas para que nos expliquen medios de prevención para evitar accidentes en ruta, y entre otras, comportamiento cívico cotidiano? No planteo caer en la psicosis que generó hace años la película de Orson Welles, pero tampoco minimizar riesgos con la concurrencia masiva a actos o ceremonias. Es que a quienes plantean "que los creyentes hacen más por la salud del pueblo orando en misa" les pregunto: si Jesús podía curar a un ciego que encontraba, ¿por qué no curar a todos de la ceguera? Con la falsa promesa de rezar en un ámbito común o ingiriendo trocitos de ostia arrodillados ¿estaríamos "salvados"? La aceptación indiscutida de ideologías puede lograr la aniquilación del hombre. Empecemos a usar el sentido común y no dejar de hacernos preguntas.





























