Hoy te vas por la puerta chica de ésta, tu casa, por la necedad y soberbia de quienes tristemente dirigen los destinos de este gran barco a la deriva llamado Rosario Central. Improvisados dirigentes que quizás puedan atribuirse como único logro de su patética gestión el haberte contratado para dirigir al nuestro, pero que hoy, lejos de reconocer tu capacidad y hombría de bien y vaya a saber movilizado por qué misteriosos intereses, te niega la posibilidad de revancha. Como socio del club quiero despedirte y agradecerte el esfuerzo, la honestidad, coherencia y dignidad puesta de manifiesto a lo largo del tiempo que nos dedicaste en forma casi exclusiva relegando tus prioridades e intereses personales a favor de una ilusión colectiva. Quiero que sepas que fuiste por escándalo el mejor empleado que tuve en los últimos años y mucho lamento que no hayas llegado antes, lo que seguramente hubiera derivado en otro presente. Los que sólo juzgan resultados quizás no te valoren en su justa medida, para quienes buscamos algo más, nos satisface encontrar alguien que trabaje con tanta nobleza y dignidad en un ambiente tan contaminado. Aún con errores y con escasez de materia prima cerraste una campaña que en cualquier otro año hubiera derivado en ascenso directo, pero también esa mínima cuota de suerte necesaria te dio la espalda. Ojalá algún día puedas volver y los resultados sean proporcionales al esfuerzo realizado y podamos cambiar la última imagen de ojos vidriosos de sufrimiento y frustración que nos dejaste, indigna de un ganador como vos. Pero no sólo al llegar se gana, también se gana andando. Porque el éxito es un camino, no un destino y vos transitás por el mejor de todos, el de la nobleza. Hasta siempre Juan, y gracias.























