Newell's tuvo una extensa gestión autoritaria en donde reinó la violencia y el silencio, y ahora arrancará la próxima temporada igualado en puntos con Independiente en zona de descenso. En Central, otro déspota (que también fue elegido por los socios) prometía campeonatos y era aplaudido por una masa presa de un ataque de excitación psicomotriz. Se sabe que el final fue lo opuesto a los delirios de grandeza que vomitaba el ex presidente canalla, con un descenso lógico. "Será una autopista a Primera", pronosticaba el manager, entre canchero y sobrador, sin saber demasiado bien de qué se trata la B Nacional. Son ejemplos, apenas algunas muestras de la ceguera generalizada que invadió a las dos instituciones más destacadas de Rosario. Esa miopía, esa óptica recortada y amputada de los hechos, también se instaló en casi todo el periodismo (gráfico, radial y televisivo) rosarino, que se empeña en subrayar lo no tan novedoso (la pasión del hincha), y no dice nada sobre lo que verdaderamente tiene relevancia (el juego y el resultado). ¿De qué sirve hablar o escribir sobre una obviedad? Se conoce el apoyo multitudinario y permanente de los seguidores, pero la gente no juega, no gana partidos, no hace goles ni tampoco ataja. Deberían fijarse en el espejo de clubes sin tanto cartel, con poca concurrencia y escasos recursos económicos, que obtuvieron objetivos superadores: Vélez, Lanús, Argentinos, Arsenal y hasta Central Córdoba. Pero para que eso ocurra, primero tendría que aparecer en escena una autocrítica de todos los protagonistas: dirigentes, jugadores, cuerpos técnicos y periodistas. De lo contrario la crisis, con el tiempo, parece que continuará creciendo.























