"Mis armas son de colección, estaban en perfecto estado y guardadas en armeros, no tiradas bajo la cama ni en ningún escondite". Con el carné que lo acredita como coleccionista de armas en la mano, Néstor Mariano K. se defendió así tras sufrir un allanamiento en su casa del barrio Santa Lucía en el que efectivos de la comisaría 14ª secuestraron varias armas largas, piezas antiguas y decenas de municiones el martes de la semana pasada, cuando iban a buscar una radio robada a un taxista y hallaron el armamento.
El dueño de las armas, un cerrajero de 44 años que además es cinturón negro de judo e instructor en esa disciplina, estuvo unas horas privado de la libertad y con el paso de los días recuperó algunas piezas, de las que asegura tener registros como legítimo usuario tanto para modelos de guerra como de uso civil. Pero afirma que aún no le devolvieron las más antiguas, con fechas de fabricación previas a 1870 que no requieren licencias. "¿Por qué tengo que pagar a un abogado para que saque mis armas si como buen coleccionista tengo todo en regla?", planteó K., quien pidió hacer pública su versión del procedimiento.
Así fue. El operativo fue el martes 5 en la casa de Calle 1707 al 7500, unos metros al oeste de la avenida de Circunvalación, entre Ituzaingó y Cerrito, en la entrada al barrio Santa Lucía. Entonces la policía reportó el hallazgo de 13 armas de diversos calibres y una granada de mano en un allanamiento ordenado por el juzgado de Instrucción 5.
Según se informó entonces, a partir del asalto a mano armada a un taxista se seguía la pista sobre un lugar donde se vendían y alquilaban armas a delincuentes. La policía informó haber incautado cinco escopetas, dos carabinas, dos pistolas, un fusil con sistema a repetición, un rifle, un pistolón, un revólver y una granada de mano, además de tres cajas con decenas de municiones.
"Ese día yo me levanté a las siete y media de la mañana para llevar a mi nene de 12 años a la escuela, volví y me senté en la computadora. A las 9 de la mañana me golpean la puerta y me dicen «abrí que es un allanamiento». Entraron diez personas a mi casa, la dieron vuelta, dejaron la cerrajería con todas las llaves mezcladas y a mí me llevaron preso sin explicarme por qué", cuestionó el cerrajero, que recién al firmar el acta constató que buscaban "un equipo de radio robado a un remisero".
"Ahí me dijeron que un chofer fue a la 14ª y denunció que a la radio la tenía un tal Gringo de Santa Lucía. Pero yo quiero dejar aclarado que, siendo uno de los tipos más rubios del barrio, nadie me dice Gringo. A lo sumo me pueden decir Colorado, pero todo el mundo me llama por mi nombre", aclaró K., un hombre corpulento y de aspecto nórdico.
El cerrajero remarcó que las armas estaban en regla: "Las tengo ordenadas en armeros, en perfecto estado. Son armas largas que están nuevas, como salidas de fábrica. Como también soy ebanista, a algunas les hice tallados en las culatas, son piezas de colección", señaló con el el carné que tramitó a los 28 años en la Asociación Argentina de Coleccionistas de Armas y Municiones.
"No encontraron ningún arma de fabricación casera, escondida o en mal estado. Creo que me llevaron preso para justificar el allanamiento. Vieron tantas armas que supusieron que yo las alquilaba, pero a mis armas no las toca nadie. Me expusieron, ahora todos saben que tengo armas en mi casa y desde ese día no vendí más una sola llave en el barrio", cuestionó el cerrajero, que recuperó la libertad ese mismo día tras una consulta con el juzgado y que, ahora, estudia reclamar una reparación una vez cerrado el proceso penal.