El Papa Francisco saludaba con la mano derecha alzada y una sonrisa, mientras Susana Soto lo cargaba bajo el brazo por las calles de Ciudad de México.

El Papa Francisco saludaba con la mano derecha alzada y una sonrisa, mientras Susana Soto lo cargaba bajo el brazo por las calles de Ciudad de México.
Como ella, otras personas que fueron a verlo pasar en el papamóvil por la Plaza del Zócalo, aprovecharon para llevarse de recuerdo unas siluetas de plástico en tamaño real que la alcaldía había puesto de adorno para darle la bienvenida.
“Estamos pensando si lo llevamos a la iglesia o lo dejamos ahí en la casa. Todavía estamos en ver, pero como vimos que bastante gente lo llevaba dijimos ’nos lo llevamos y ya, de una vez también”, dijo Soto, una estudiante de 20 años, de la ciudad de Querétaro.
Soto salió a las 5 de la mañana desde Querétaro, unos 200 kilómetros al norte de Ciudad de México, para estar en las vallas frente a la Catedral y el Palacio Nacional.
Ahí Francisco fue recibido por el presidente Enrique Peña Nieto en el primer acto de su visita de cinco días a México y después de una vuelta en el papamóvil recibió las llaves de la capital de manos del alcalde Miguel Angel Mancera y habló a los obispos en la Catedral.
Con cobijas para protegerse del frío en las primeras horas —y gorras o paraguas para taparse del fuerte sol después—, miles de personas se juntaron en el Zócalo, la principal plaza de la capital mexicana, aunque nunca llegó a estar lleno.
“Muy poca venta. Este Papa no tiene mucha motivación”, se lamentaba Manuel Delgado, un vendedor de 70 años, que vendía postales del pontífice y pañuelos amarillos con la imagen de Francisco y la Virgen de Guadalupe en Madero, una calle peatonal. “En cambio, el otro Papa... Mis respetos”.
El otro al que se refería era a Juan Pablo II, que estuvo cinco veces en México en su pontificado y se robó el corazón de los mexicanos. Francisco apenas está debutando en México, con su hablar pausado y su manera afable de mandar fuertes mensajes.
“Tiene el ángel también, como Juan Pablo II. A lo mejor no tanto como él, pero tiene ángel. Un carisma muy bonito”, dijo Soto.
Para Miriam Hernández, una fabricante de ropa de 46 años, cada uno tiene su estilo.
“A Juan Pablo II lo extrañamos porque fue un gran Papa, pero a este también lo vimos y nos llenó; son carismas muy diferentes y eso es lo que muchas personas no entienden”.
Desde su llegada a México, Francisco, de 79 años, no dudó en salirse del protocolo para ir a abrazar a quien se le cruzara. Los primeros fueron cantantes y niños vinculados con el mundo del espectáculo, que le cantaron en el aeropuerto internacional de Ciudad de México y entre los que estaba el cantante Cristian Castro, el hijo de la actriz Verónica Castro.


