Paolo Gabriele era una de las personas más cercanas a Joseph Ratzinger. El ahora ex mayordomo despertaba al Papa a las 6.30, lo ayudaba en la misa a las 7, le servía el desayuno a las 8, el almuerzo a las 13.30 y la cena a las 19.30. Lo acompañaba al caer la tarde en su paseo por el jardín, elegía la menta perfumada para la infusión, le daba las medicinas diarias y, cerca de las 21 le ayudaba a desvestirse para ir a dormir.
El mayordomo de Benedicto XVI había sido detenido acusado de ser el traidor que durante meses sustrajo primero y difundió después en medios de comunicación italianos cartas secretas dirigidas al Pontífice, una filtración masiva de documentos conocida como Vaticanleaks.
Gabriele, descubierto debió enfrentarse a un proceso por robo de la correspondencia de un jefe de Estado que podría haber terminado con una pena de 30 años de cárcel porque el delito es equivalente al de "atentado contra la seguridad del Estado".
Las tribulaciones para el Papa alemán no terminaron con Gabriele, él es solo una de las nueve personas laicas que compartían la vida diaria del Pontífice en su departamento, la llamada "familia pontificia".
De hecho, hay dos informáticos involucrados en las filtraciones; uno admitió sus culpas y el otro aún es investigado.
A pesar de sus explicaciones, no quedó del todo claro que le pasó por la cabeza a Gabriele, un hombre de buena presencia, muy reservado, extremadamente religioso y devoto de la santa polaca Faustina Kowalska, para acopiar documentos secretos, algunos de los cuales los fotocopió y otros los llevó a su casa.
Vive por estas horas en un departamento dentro de las 40 hectáreas que conforman el Estado Vaticano, vivienda que ahora deberá abandonar. Fue allí donde Domenico Giani, el comandante en jefe de la Gendarmería, habría encontrado numerosas fotocopias de la correspondencia privada del Papa: "Cajas repletas de documentos y el aparataje necesario para fotografiar y reproducir documentos".
Pese a que las pruebas halladas en "el nido del cuervo" parecen definitivas, ni su confesor cree que Paoletto haya sido capaz de urdir solo tal conspiración.
Una versión sostiene que la filtración de documentos solo buscaba un interés económico, aunque el mayor beneficiado, el periodista Gianluigi Nuzzi, asegura que nunca pagó a su informante. Otra considera que, si Gabriele lo hizo, fue por un deseo altruista de ayudar a la Iglesia sacando a la luz casos de corrupción. Pero el mayor consenso gira en torno a la tercera opción: el mayordomo solo sería un chivo expiatorio, un instrumento en manos de alguna de las facciones de la Curia vaticana que tratan de desacreditar al actual secretario de Estado, monseñor Tarcisio Bertone, y de paso posicionarse ante la sucesión de Benedicto XVI.