La jueza de Instrucción Raquel Cosgaya dictó la falta de mérito a un jugador de las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys que había sido detenido y acusado de haber participado del asesinato de Gastón Sandoval, un pibe de 16 años baleado el lunes 14 de octubre en Perú al 2100, en los confines de barrio Villa Urquiza.
Sandoval circulaba en una moto Yamaha YBR junto a un amigo de 15 años cuando quedaron en medio de una balacera entre patotas que le costó la vida. La falta de mérito, es decir que las pruebas no son suficientes para inculpar a una persona, benefició a Mauricio Rubén P., apodado “Mono”, de 19 años y jugador de las divisiones inferiores rojinegras. La Justicia, en tanto, continúa buscando a un prófugo mencionado en varios testimonios acumulados en la causa.
Viaje final. Gastón Sandoval era un adolescente típico de los que residen en la periferia rosarina. Había dejado de estudiar el año pasado y en 2013 había retomado los estudios en la nocturna que funciona en la escuela República Federativa del Brasil, emplazada frente a las cuatro plazas de barrio Belgrano, en Provincias Unidas y Mendoza. Ahí conoció a Jeremías, el pibe de 15 años con el que circulaba en la moto YBR la noche del lunes 14 de octubre, el último día de su vida.
Aunque era hincha de Rosario Central, al momento de morir Gastón vestía un short de fútbol y una camiseta blanca del Real Madrid. Su adolescencia se reflejaba en pequeñas cosas. “Siempre que escribía su nombre le ponía la coronita de Los redondos de Ricota a la «O»”, contaron sus amigos el día de su velatorio.
La noche del 14 de octubre Jeremías circulaba en la Yamaha que le había prestado su hermana mayor. Regresaba junto a Gastón de la casa de una amiga cuando en Perú, entre Cerrito y Riobamba, quedaron en medio de una disputa a balazos de la que eran ajenos. “Veníamos por calle Perú y una moto iba adelante. Era una tipo scooter y vi que uno de los dos que iban arriba sacó un arma de la cintura. Entonces me dije que mejor aceleraba y lo pasaba. Cuando llegamos a Pasco aceleré para pasarlo, pero cuando estaba un poco más adelante empecé a escuchar balas por todos lados y le metí pata”, dijo Jeremías a La Capital en el velorio de su amigo. “Cuando dejaron de sonar los tiros Gastón me dijo: «Me dieron, me duele la espalda», y me abrazó fuerte de la cintura. Me apretaba fuerte y yo le decía que parase, que no nos habían tirado a nosotros, que no. El me apretaba hasta que sentí que se le aflojó la mano. Entonces paré y se cayó. Dejé la moto y lo quise ayudar, pero se acercó un montón de gente y llamaron a una ambulancia. En eso paró un hombre, nos cargó en un auto y fuimos al hospital”, relató el adolescente.
Gastón había recibido un balazo en el glúteo derecho sin orificio de salida y otro con orificio de entrada en la región dorsal izquierda y salida en el hemitórax derecho, lesión que le provocó la muerte. Con las mismas palabras Jeremías relató lo sucedido ante la policía y luego en los Tribunales. A la secuencia el adolescente le agregó que desde un pasillo ubicado a mitad de cuadra por calle Perú habían partido disparos. Ya en el velorio del pibe, sus allegados dieron cuenta de que, “aparentemente, uno de los que lo mató a Gastón juega al fútbol profesionalmente”. Así que a nadie asombró que efectivos de la seccional 14ª fueran a una vivienda de Perú 2171 y detuvieran a Mauricio Rubén P., un joven de 19 años sin antecedentes penales conocido como Mono que juega en las inferiores leprosas.
Bronca barrial. Al lado de esa casa se encuentra un pasillo de unos 20 metros que finaliza con una casa. En ese lugar los pesquisas levantaron vainas servidas y una bala. Al ser indagado, Mono relató que estaba en su casa comiendo un asado en familia. Que salió hasta el quiosco ubicado a la vuelta para comprar una gaseosa y que al regresar vio cómo se desataba una balacera entre un grupo de muchachos que estaban en la esquina y tres motos que pasaban.
La situación procesal del joven se alivianó cuando un vecino que vive sobre calle Riobamaba y fue quien realizó el llamado al 911 alertando sobre la balacera, admitió que había involucrado al muchacho porque siempre estaba en la esquina y que con sus amigos molestaban.
El detonante de la disputa que se dirimió a los balazos, ante los ojos de los vecinos, se originó “en una bronca que venía de barrio contra barrio o por problemas de drogas”.