Desde un confortable departamento de 140 metros cuadrados del barrio porteño de Recoleta, Jorge Zorreguieta, el padre de la reina consorte de Holanda , aseguró que está "orgulloso y feliz por el presente de Máxima".

Desde un confortable departamento de 140 metros cuadrados del barrio porteño de Recoleta, Jorge Zorreguieta, el padre de la reina consorte de Holanda , aseguró que está "orgulloso y feliz por el presente de Máxima".
Los periodistas del diario alemán Bild llegaron hasta el departamento de la calle Uriburu, en el que vive Zorreguieta junto con su esposa, María del Carmen Cerruti, de 69 años, para entrevistar al padre de la reina consorte de los Países Bajos.
Cultor de un perfil bajo, el ex secretario de Agricultura durante la última dictadura cívico militar, acusado de participar en varios crímenes y desapariciones de personas, confesó: "Estoy tan orgulloso de ella...".
Durante la entrevista, el padre de Máxima, esposa del rey Guillermo Alejandro, contó que habló "largamente" con su hija en el Día del Padre, que se celebró semanas atrás en el país.
Zorreguieta, quien no asistió ni a la boda de Máxima ni tampoco a la ceremonia de entronización, se declaró "feliz" por el presente de Máxima.
Según el diario alemán, Zorreguieta es una persona "no deseada" en la Casa Real holandesa por su pasado vinculado a la última dictadura cívico militar, cuando se desempeñó como secretario de Agricultura, en las épocas del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, uno de los ideólogos del régimen que destruyó la industria nacional y secuestró, torturó y asesinó a miles de personas. La nota destaca que el padre de Máxima guardó un "elocuente silencio" al ser consultado sobre su paso por el gobierno de facto, durante el cual está acusado de haber participado en la desaparición de varios trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).
Muchos fueron los detractores de una boda que tardó un año en fraguarse. El hecho de que su padre, Jorge Zorreguieta, fuera ministro de Agricultura durante la dictadura argentina del general Jorge Rafael Videla -que causó 30 mil víctimas entre muertos y desaparecidos-, fue la piedra que los holandeses le pusieron en su camino hacia el altar y al trono.
El 2 de febrero de 2002, día de la boda real, mientras Máxima y Guillermo estaban arropados por familiares y miembros de todas las casas reales de Europa, además de Jordania y Japón, decenas de personas se apostaron frente al Parlamento holandés con pancartas alusivas al pasado del padre de Máxima. Un pasado que pesó tanto, que él y su esposa fueron vetados por el gobierno de La Haya y relegados a ver la boda de su hija desde la habitación de un hotel londinense. Como contrapartida y para que Máxima no olvidara la tierra que la vio nacer y crecer, el tango de Piazzola sonó durante la boda uniendo así a Holanda y Argentina durante los acordes.


