capital ficticio. Harvey apuntó, asimismo, al descomunal despliegue de "capital ficticio" en el capitalismo actual, lo cual quiere decir que se crea constantemente capital en forma de dinero que "no tiene nada que ver con la creación del valor y está vinculado a la apropiación del valor", pero sin crear nuevo valor.
Por eso indicó que "la forma dinero tiene que ser cuestionada, la manera en que el dinero representa al valor social del trabajo es destructiva, hay que revolucionar el modo en que adjudicamos valor al trabajo".
Por su parte, el economista Anwar Shaikh centró su análisis en marcar a fuego que "el propósito del capitalismo es la ganancia, no la humanidad".
A su juicio, "el mecanismo de la ganancia implica propiedades intrínsecas, y unas de ellas son las grandes depresiones, las crisis; lo vimos en distintos momentos de la historia, y ahora lo vemos de nuevo. Entre estos patrones intrínsecos está la lucha de clases", dijo.
Siguiendo parte de la línea trazada por su colega Harvey, el profesor estadounidense nacido en Pakistán puso de relieve la contradicción entre el valor de uso de los bienes producidos bajo el capitalismo y el objetivo de los capitalistas que no es otro que incrementar su ganancia, aumentando la tasa de explotación del trabajo, algo que es resistido por los obreros en muchos países.
Desde este punto de vista, Shaikh recordó que la libre movilidad del capital le sirve a sus poseedores para trasladarlo a geografías donde la posibilidad de explotar más a fondo a la fuerza de trabajo es posible.
Otro mecanismo mencionado por Shaikh como un medio capitalista de contrarrestar la resistencia obrera en la crisis, es la mecanización. "En Japón están trabajando con robots que se están ocupando de los ancianos, pueden trabajar día y noche, y además evitan que tengan que venir extranjeros, que en Japón no quieren", comentó.
"En el desarrollo del ejército de reserva industrial (los desocupados), Marx advierte sobre la mecanización del capital", recordó antes de observar que "la lucha de clases acelera la mecanización, pero la que la causa es la plusvalía". Agregó que "la interacción de la rentabilidad con la mecanización y el crecimiento mantiene un ejército industrial de reserva necesario, como plantea Marx. Este ejército está donde está el capital, hoy el ejército de reserva es global".
Salida política.Finalmente, el francés Pierre Salama consideró que la salida a la actual crisis mundial es de orden "político" y no "técnico".
"Yo creo que hay dos crisis: una de tipo estructural; la segunda es de tipo regional, hoy la crisis del euro, y mañana la de América latina; no hay una solución técnica a la crisis, hay solamente solución política", afirmó.
"Debemos pensar la crisis a partir de Marx, pero no solamente desde Marx", propuso. "Esta es una crisis de financiarización, no de subconsumo, ni de sobreacumulación", sostuvo Salama en abierta polémica con sus dos compañeros de panel, para quienes la crisis tiene las características descriptas por Marx en El Capital.
"En algunos países gracias al crédito hubo un aumento de consumo", afirmó, por lo que "debemos hablar de tasas de ganancia, pero no solamente. Debemos retomar la tesis de Marx sobre el trabajo productivo, el trabajo improductivo y del trabajo indirectamente productivo", afirmó.
Salama describió también dos etapas en la presente crisis mundial: "La primera, en 2007-2010, en la cual los Estados desarrollados crearon déficit presupuestario para ayudar a los bancos".
"Pero los bancos destinaron ese dinero no a prestar a la producción sino a especular, entonces se abrió la segunda fase, la actual, de ajustes como hubo en América latina en el pasado y que se aplican en Grecia y en todo Europa", dijo.
Desde la perspectiva sudamericana, la recuperación de los instrumentos y políticas del Estado, la protección del empleo, la producción y las políticas de inclusión social forman parte del paradigma de política económica a defender de los impactos de la crisis internacional. Así quedó expuesto en el encuentro.
En ese marco, el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, manifestó que "en Latinoamérica va darse un proceso revolucionario al cual tarde o temprano vamos a asistir", al tiempo que aseguró que el mismo "nos va a llevar a que surjan modelos alternativos al neoliberalismo".
También se refirió a la implementación de algunas políticas que contribuyen a "evitar el endeudamiento y mejorar la redistribución de la riqueza", como "las restricciones a las exportaciones para bajar los precios de los alimentos en el mercado interno" y la "nacionalización de los recursos hidrocarburíferos y eléctricos".
En tanto, la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, cuestionó en el encuentro la “obsesión” de los bancos centrales “por la baja inflación desentendida de la economía real y los indicadores sociales”, y resaltó el modelo actual que buscar “articular políticas que demuestren que la estabilidad duradera de precios, es absolutamente compatible con un crecimiento sustentable, la mejora en la distribución de los ingresos y la reducción de los procesos de pobreza e indigencia”.
Política monetaria. La titular del BCRA enfatizó que “no es necesariamente cierto que la emisión monetaria que financia a los Estados tenga que generar mayor inflación”, si esos recursos sirven para “recuperar inversión, capacidad de oferta, y de demanda, que son condiciones fundamentales para garantizar hacia adelante la estabilidad monetaria”.
Marcó del Pont también abordó la política de control de cambio que adoptó el gobierno desde fines del año pasado al destacar que el país “necesita equilibrio externo que permita tener las divisas suficientes para bancar este proceso de crecimiento permanente, asociado a la estabilidad financiera y de precios”.
Luego de recordar las medidas de 2005 para detener el ingreso de los capitales especulativos, Marcó del Pont dijo que era el momento de “discutir la fuga de capitales de los propios argentinos”, a lo que consideró “una pulsión a utilizar los excedentes de ahorro para irse al dólar por fuera del proceso de acumulación interna y de distribución del ingreso”.
“Esta fuga interna de recursos para hundirse en el ahorro sin volver al circuito de acumulación significó un daño muy grande para la economía argentina; en los últimos 15 años, 3,1 % de la riqueza generada se extraía, se iba a dólares y se hundía en una caja de ahorro, en un colchón o en una cuenta del exterior”, enfatizó.
Al plantear el desafío encarado por el gobierno de avanzar en la “desdolarización de la economía”, la titular del BCRA dijo que el país “necesita los dólares para seguir pagando sus deudas, seguir importando para la producción, y mantener el funcionamiento de la economía”, y resaltó que “para el ahorro hay que ahorrar en moneda local como se ahorra en todos los países civilizados del mundo”.
La funcionaria admitió que la política de “reconciliar la estabilidad con el empleo y la distribución del ingreso puede generar tensiones y pujas”, lo que permite explicar que “otros países de la región tienen más baja inflación que la Argentina” porque no atraviesan “una puja distributiva producto de una política de distribución de ingreso y de transferencia a los sectores más bajos”.
También agregó que en medio de esa puja “Argentina no usó el dólar para disciplinar los precios internos y muchos otros países sí lo hicieron, pero la contrapartida es desproteger el trabajo y promover la primarización”.