Cada vez hay menos Guillermos. La agencia de dobles londinense de Susan Scott tiene actualmente 32 “Kate Middletons” y sólo un puñado de jóvenes que se parecen al nieto mayor de la reina. Desde la crisis de los bancos no todo fue color de rosa y muchas fiestas empresariales se realizaron sin dobles, pero según Scott “desde el compromiso anunciado en noviembre los teléfonos no paran de sonar”.
Esta empresaria cuenta con la agencia de dobles más antigua y grande del Reino Unido. En su catálogo figuran 8.000 hombres y mujeres que se parecen a algún famoso en mayor o menor medida. Hay gente igualita al “James Bond” Sean Connery o ancianas parecidas a la reina Isabel II. Actores, estrellas de rock, deportistas... “Cada vez que los originales hacen algo especialmente grave, aumenta su demanda”, dice Helena Chard, la empleada de Susan Scott. Con una excepción: “La reina siempre tiene trabajo”.
Desde hace más de 30 años, Scott abastece la demanda de personas parecidas a estrellas y estrellitas. Sin embargo, hace tiempo que no se registraba una demanda como la previa a la boda de Guillermo y Kate, que podría equipararse a la del caso de Carlos y Diana, afirma Helena Chard. Aún no sabe cómo hará para cubrir la demanda, cuyo punto máximo cree se producirá antes de la boda el 29 de abril.
Lo mismo que en la agencia de Susan Scott ocurre en casi todas las agencias de dobles. Desde que se dio a conocer la que será la mayor boda noble desde la de Carlos y Diana hace 30 años, los dobles brotaron del suelo como hongos. La demanda ya es enorme. Sobre todo canales de televisión y diarios se abalanzan sobre las Kates y Guillermos falsos, ya que los reales son celosamente protegidos por la Corte.
Las tarifas de los dobles falsos suben. “Cuanto más se acerca la boda, más suben”, señala Helena Chard. Los buenos dobles son más bien escasos.
No es que no haya oferta. Pero al parecer, los rasgos de Kate Middleton no son tan fáciles de encontrar. “Tampoco hay tantos que realmente se parezcan al príncipe”, dice Susan Scott.
La agencia cuenta incluso en su lista con un rubio alemán en caso de emergencia. “Acá no nos sirve por el acento”, afirma. Las entradas y el cabello claro del joven príncipe son el principal problema. Muchos de los jóvenes no están dispuestos a renunciar a sus rizos por el trabajo en señal de coquetería pura.
Andy Walker es distinto. Este joven de 25 años renuncia de forma pasajera incluso a su trabajo en una empresa de seguridad. “Puedo retomarlo en cualquier momento”, dice este oriundo de la pequeña localidad de Datchet, al oeste de Londres. Ahora trabaja de Guillermo, por lo que ingresa unas 500 libras (unos 580 euros) por tres horas, cuenta Andy. “Espero que sea más hasta la boda”.
“No es duro, pero tampoco es no hacer nada”, describe su trabajo como príncipe. El Palacio de Buckingham y la Abadía de Westminster en Londres son los lugares en los que más trabaja. Los turistas, que suelen andar a centenares por allí, están encantados. Sus colegas del personal de seguridad, menos.




























