Estamos en plena época de renovación de convenios salariales, en la que todos los gremios del país ven ajustados sus haberes para adecuarlos a nuevos parámetros (se prohíbe hablar de Inflación), pero que se reflejan en los bolsillos cuando llegamos a fin de mes. ¿Seguramente será una simple sensación que experimentamos dentro de las alternativas de la "sintonía fina" que aplica nuestra presidente para gobernar? Aunque es sintomático que en paralelo, respecto del dólar, cuya existencia real no puede negarse con alegatos patrióticos, aparecen los ejemplos de chupamedias que han "pesificado" sus magras reservas pretendiendo desencadenar un gigantesco cambio a contramano del mundo sin otro resultado de que se sigan drenando las reservas, destinándose fondos jubilatorios a financiar deudas impostergables y nuevos emprendimientos de mayor conveniencia política. ¿Cuál es la razón macroeconómica (ó como se llame), por la cual se aceptan renovaciones de convenios salariales por un 25 por ciento, cuando a los jubilados se los mantiene bajo la "línea de indigencia", se les quitan servicios médicos y siguen cobrando una mínima de 1.600 pesos mensuales y todo a pesar de existir una ley del Congreso que ordena su actualización. Y pasando a la provincia de Santa Fe, donde se mantienen cautivos a los jubilados de la ingeniería a imagen y semejanza de Ansés, también padecemos el recorte de los haberes. Habiendo aportando para cobrar 8 veces un valor mínimo de subsistencia, solamente se liquida la tercera parte desde el año 1990 y el resto se esconde en una reserva sin destino fijo mientras los jubilados agonizan en la miseria con una obra social que les absorbe el 50 por ciento sin oír reclamos. Son tiempos de injusticia social que pretenden ocultar con engañifas de bufones.























