El domingo 13 de abril de 2008, Pablo García, de 11 años, viajaba junto a su papá, Antonio
Avalos, en una Yamaha 125. Iba sentado en el tanque de la moto, algo que los pesquisas no dejaron
de resaltar en aquella oportunidad. Al llegar a la esquina de Guardia Morada y Estrella Federal
frente al motociclista se paró un hombre de 25 años apodado Chamí. Avalos le dijo, según Herminda
la tía del pibe muerto, “«No me tirés que vengo con el pibe». Fue en vano: hubo un sólo
disparo que impactó en el cuerpo del pibe a la altura de la cadera y lo atravesó en forma
descendente. El nene murió en el Hospital de Niños.
El apuntado como matador tenía 25 años y había purgado una condena a
cinco años de cárcel por robo calificado. Como en el caso de Carlos Rojas y el supuesto matador,
los protagonistas de la crónica del crimen eran vecinos y vivían en un radio de 100 metros. Y como
en esa crónica, los vecinos recalcaron su vivencia: “Los tiros acá son de todos los días. A
cada rato. Se toman un par de pastillas y salen a tirar a lo bobo. La gente laburante del barrio
queda siempre en el medio”.
































