Leía la carta de lectores destacada del martes 3 en la que lo la autora considera el "problema" del celibato sacerdotal, y me quedé con pena, porque a partir de unos casos negativos emite un juicio sobre todos los miembros de la Iglesia que me parece injusto. Pienso que todos conocemos muchísimos cristianos —clérigos y laicos— que trabajan por su prójimo con constancia y sin salir en los diarios, produciendo un beneficio mucho mayor que los casos negativos o escandalosos. Tal vez un punto para entenderlo sea considerar algo central del cristianismo: la meta de amar a todos (a todos, también a los que piensan distinto, o a los que han renunciado a un compromiso que habían asumido libre y voluntariamente), sin caer en el juzgamiento generalizado de las personas, como lamentablemente sucede con frecuencia entre quienes parecen considerarse con esa autoridad. En este sentido, puedo decir que me producen más "temor" las personas intolerantes, que una religión y un Dios que me piden constantemente amar más a los demás. Y sobre el "problema" del celibato sacerdotal, que según la carta se debería a la falta de "clases prácticas del amor humano", me parece que este amor no se reduce a lo sexual, o al hecho de tener esposa/o e hijos. ¿O acaso alguien puede decir que la Madre Teresa de Calcuta no sabía lo que era el amor por no haber formado su propia familia?























