No tengo la mínima noción porqué desde chico tuve una obsesiva atracción por cierto tipos de animales, incluso por algunos a los que les tenía miedo, temor que no ha desaparecido en absoluto, como el que me producen las arañas. Pero ya de grande trabé amistad con una araña patona que vivía detrás de una de las bibliotecas y que infaliblemente salía de su escondite para escuchar complacida alguna obra de César Franck.
Hubo un momento en particular que recuerdo con nitidez; una madrugada regresé del diario y me puse a escuchar la sinfonía de César Franck, la única que tiene lamentablemente, fue en ese momento que la araña salió detrás de la biblioteca, pensé que era una casualidad, pero cuando terminó la sinfonía y decidí escuchar otra cosa, la araña volvió a su escondite. Mientras tanto yo intentaba escribir un libro de poemas que terminé esa misma noche, que se llamó "Poemas de la Flor", apareció hacía 1967 publicado por la Biblioteca Vigil y fue quemado por los militares unos diez años después.
Pero volvamos a la araña. Volví a probar con César Franck y la araña volvió a escuchar; después de unas cuantas noches descubrí que también le gustaba, y mucho, el concierto para violín de Alban Berg y el concierto para orquesta de Béla Bartók.
Más adelante dejé de interesarme por los gustos musicales de la araña y la extrañaba si no aparecía. Fue cuando pensé porqué ese favoritismo por algunos animales y no por otros. Pero soy partidario de Albert Schweitzer, quien decía y lo sigue diciendo para todos pero nunca se lo he escuchado, que hay que tener una reverencia profunda por todo lo vivo. Vino a mi mente entonces la repugnancia que me provocan las cucarachas, aunque es menor a la que siento por la fauna marina en general con pocas excepciones. A partir de ese momento, me propuse no matar cucarachas si no me tocaba hacerlo indirectamente por diversas circunstancias, y terminamos siendo amigos. Como se sabe, las cucarachas gustan de los lugares calientes, por ejemplo la cocina, cuando yo llegaba a la madrugada y me ponía a hacer mi "célebres" bifes con dos rebanadas de pan frito y mucho ajo y aceite; mientras lo hacía las cucarachas se tomaban el dos.
De los animales grandes, los mamíferos por ejemplo, me gustan los caballos, los tigres, las panteras, las mangostas, los gatos, y los perros. Pero, ¡debo tratar el tema de los ciempiés! ¿Cómo son? ¿Dónde viven? ¿Cuáles son sus particularidades? Veamos.
"El ciempiés formalmente llamado Chilopoda, del griego kheilos, «labio» y podos, «pie», pertenece a la familia de los artrópodos, tienen un cuerpo alargado y plano formado por veintiún segmentos o anillos, con un par de patas en cada uno de ellos. Pueden llegar a medir desde unos cuantos milímetros hasta los treinta centímetros. Existen infinidad de especies, pero todos tienen en común sus anillos articulados que les permite moverse o retorcerse como necesiten. Se alimenta de cualquier tipo de insecto, lombrices y moluscos. Se trata de un animal predador que devora cualquier insecto que se arrastre por el suelo. Incluso las hembras deben proteger a sus huevos de los machos, escondiéndolos y luego dejándolos a su suerte.
"Son terrestres, pero les gusta las zonas húmedas y la oscuridad, en las épocas de más sequía permanecen prácticamente bajo suelo. Se encuentran por todo el mundo, en áreas templadas y tropicales, no obstante tienen un alto grado de adaptabilidad. Tienen un color marrón apagado y presentan muy variados tamaños. Su cabeza dispone de dos mandíbulas y dos largas antenas que lo guían por el espacio, ya que sus ojos no le ofrecen apenas visión de su entorno, de hecho algunos ciempiés son totalmente ciegos, según el hábitat en el que vivan.
"Años pasados se hicieron algunas investigaciones sobre el ciempiés y se determinó en las mismas que pueden tener entre 15 y 170 pares de patas provistas de uñas y espinas, aunque es por ahora, que sepamos, una teoría que parece discutible".
Sabiendo ya como son los ciempiés, queremos señalar una característica en particular, son carnívoros, suelen ser crueles, y las "patitas" de cada anillo que los va formando tienen el vigor necesario para combatir hasta una serpiente o una rata. Pero el caso al que nos referimos en el título tiene algo de anécdota apócrifa, posiblemente basada en un cuento de Ray Bradbury, el cual cuenta la triste historia de un vampiro que detesta la sangre y prefiere la leche. En este caso, el ciempiés en cuestión, con todos sus atributos intactos, es vegetariano y no soporta que ni sus amigos ni sus parientes vivan de carne.
Pensemos en ese vampiro y en ese ciempiés y pensemos en nosotros y en todas las cosas que no soportamos de la sociedad en que vivimos y que debemos aceptar nos guste o no. Eso puede llevarnos a una gran tristeza primero, y un encierro enfermizo después.
¿Qué habrán hecho el vampiro y el ciempiés? ¿Los habrán echado de su familia? Pensamos que sí. Se diría que esos animales piensan en la supervivencia individual y no en la colectiva. Nosotros por nuestra parte, a veces somos tolerantes pero pocas, por lo cual no diferimos de estos dos animalitos expulsados del seno de la tribu y vaya a saber qué camino han tomado.
Mucho se ha hablado sobre el veneno de los ciempiés pero no son tan venenosos como se piensa. Son sí muy inaguantables por la picazón que producen. Ahora bien, ¿de qué se alimentarían en una sociedad particularmente carnívora? El vampirito toma mucha leche, come alfajores de maicena y le gusta la sopa de arroz; en cuanto al ciempiés, prefiere las arvejas, las frutas y el tofu, queso vegetariano.
Algo nos falta agregar pero lo haremos próximamente, ¿de qué manera hacen el amor los ciempiés? Hay varias teorías al respecto que sostienen distintos disparates, algunos envidiables, por ejemplo que cada anillo con sus dos patas tiene su propia vida sexual, ya sea macho o hembra.