Ahora se puede escuchar música hasta en un ascensor, pero hasta 1948, era algo especial que no cualquiera se podía permitir. Hasta que llegó el disco de larga duración (LP), que hoy cumple 65 años.

Ahora se puede escuchar música hasta en un ascensor, pero hasta 1948, era algo especial que no cualquiera se podía permitir. Hasta que llegó el disco de larga duración (LP), que hoy cumple 65 años.
El mundo era plano y medía 30 centímetros. Así fue al menos para generaciones enteras de todo el globo que crecieron con un disco: esos objetos negros que democratizaron la música y la hicieron omnipresente. Todavía hoy, en la era del CD, los artistas sacan "un nuevo disco".
En 1857 el francés Edouard-Léon Scott de Martinville desarrolló un cilindro que podía grabar tonos, pero lamentablemente no los podía reproducir. Eso lo logró Thomas Edison. Pero la idea hacer los surcos en el disco fue de otros. No obstante, los discos eran muy delicados, caros y tan sólo se podían escuchar un par de veces. Además, tras cuatro minutos se acababa todo.
A comienzos de los años 30 surgió el vinilo para fabricar los discos, que permitía hacer surcos más pequeños, apenas se rompían, la calidad del sonido era mejor y había espacio para más música. Así nació el disco moderno. Pero casi nadie los quería, pues casi nadie tenía el aparato para que sonaran. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando llegó la revolución. El 21 de junio de 1948 la compañía Columbia Records presentó el disco de 30 centímetros de diámetro y una velocidad de 33,33 vueltas por minuto. Cada cara del disco duraba 23 minutos. Peter Goldmark fue quien inventó el LP y a él se le debe también la televisión a color.
Con la irrupción del LP (casi) todo el mundo se podía permitir música. Llegó incluso a haber tocadiscos en los coches. Los discos se convirtieron en una pieza de culto y un símbolo de toda una generación. Y además se convirtieron en un codiciado producto de venta, que con la llegada de la era digital perdió fuerza aunque ahora nuevamente vuelve a ser un objeto de culto entre los puristas del sonido y los nostálgicos de un formato analógico que ha quedado antiguo.

