Parafraseando al título de la novela "El amor en los tiempos de cólera", de Gabriel García Márquez, me permito reflexionar sobre la actual pandemia que nos azota. Quiero rescatar las enseñanzas que podría dejarnos cuando termine. Y es que a nadie escapa el desapego que tenemos como sociedad al cumplimiento y observancia de la ley. Pero el virus N1 H1 no es una ordenanza, decreto o ley que pueda ser burlada sin consecuencia alguna, no hay impunidad que valga. Al contrario, mal que nos pese, nos obliga a cambiar de hábitos, costumbres y formas de relacionarnos, de una manera que jamás hubiéramos imaginado. Hasta el festejo del Día del Amigo tuvo que ser pospuesto. Aprendimos y estamos aprendiendo a limitar y evitar nuestra concurrencia a lugares de aglomeraciones en lugares cerrados como cines, restaurantes, reuniones sociales y clubes. Se permanece más tiempo en los domicilios particulares, los que pueden, por supuesto, lo que hace tener más contacto con el grupo familiar, estar más tiempo mirando los distintos programas televisivos o películas en DVD. Si en algo nos afectó el virus de la fiebre porcina es a acatar, por primera vez a la mayoría, un patrón de hábitos y conductas donde la responsabilidad y solidaridad fueran los valores excluyentes. Sería muy interesante que, a partir de esta situación inédita que estamos viviendo y que ha cobrado varias vidas humanas, una vez por todas nos constituyamos como sociedad alrededor de pilares compartidos en un proyecto común.





























