Eleonora Cassano se retira hoy de la danza clásica, pero no de los escenarios. Con una gala al aire libre frente al Obelisco porteño, la gran bailarina dice adiós a una carrera que comenzó hace 39 años y que la ubicó entre las artistas más reconocidas de la Argentina y el mundo, y que además, se atrevió a romper algunos estrictos códigos de su profesión.
El programa preparado para esta oportunidad se desarrollará en la Plaza de la República e incluirá el ballet “El Cascanueces”, de Tchaikovsky, con adaptación y coreografía de Liliana Belfiore y la pariticipación de la Compañía Ballet Federal Argentino, con más de noventa bailarines seleccionados por Eleonora Cassano en Rosario, Buenos Aires, Chacabuco, Mar del Plata, Paraná, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Bahía Blanca, Salta y Tucumán. Además, participarán un coro de niños y la Orquesta Académica de Buenos Aires. El partenaire de Casano será el primer bailarín Hernán Cornejo y Maximiliano Guerra como artista invitado. Y por supuesto la presencia de Julio Bocca, su compañero en escena por casi veinte años, que dará una clase abierta.
Cornejo tiene una extensa trayectoria y regresa al país especialmente para acompañar a Cassano. El artista estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y, luego de haber obtenido premios en prestigiosas competiciones de América del Sur, fue becado para cursar estudios por la escuela del American Ballet Theatre. En 1995 entró a formar parte de la compañía Ballet Argentino que dirigía Julio Bocca y en 1997 se convirtió, con sólo 16 años, en el bailarín más joven en obtener la Medalla de Oro del Concurso Internacional de Danza de Moscú.
Cassano se despidió de Rosario en julio pasado, cuando se presentó en el teatro El Círculo. En aquella oportunidad adelantó: “Si surge algo interesante puedo llegar a hacerlo, pero es como un final entero”. Así definió la bailarina su “despedida del ballet clásico” y aclaró: “Creo que lo hago por una cuestión de yo decidir dejar la danza y no que la danza haya decidido dejarme a mí”.
Atípica. Después de 39 años -ingresó al teatro Colón con sólo 8 y lleva 25 de carrera profesional- Cassano rompió el arquetipo de la bailarina clásica. Se calzó las plumas para un music hall en el Maipo, cantó y hasta hizo una producción de fotos junto a Julio Bocca para la revista Play Boy. Todo eso además de haber bailado en los escenarios más prestigiosos del mundo, desde Moscú a Nueva York.
Aquella producción fotográfica se sumó a una larga serie de ítems dentro de una actividad ecléctica que incluyó, además tango, rock, folclore y zapateo americano. Esa actitud ante el trabajo fue parte de una actitud rigurosa para el trabajo, pero dinámica ante los estándares de la danza: “Yo no soy muy típica”, bromeó la bailarina. “Eso me hace romper con lo que se podía hacer, con lo que era permitido o normal. Yo demuestro que no es necesario seguir las reglas”, aseguró a tono con Bocca que siempre apuntó a “sacar al bailarín de la cajita de cristal”.
El rigor incluye para un profesional de la danza un gran “sacrificio”, con el cual Cassano fue consecuente desde que era una niña. “El sacrificio está porque si querés llegar a algún lado en la vida tenés que esforzarte y laburar muchísimo. Yo nací con condiciones, pero atrás de las condiciones hay un laburo. No es que voy y hago un calentamiento. Laburo. Para mantener esto y mantenerse en condiciones hay que seguir trabajando. Nunca me creí «ya soy Eleonora Cassano y bailo «La Bayadera» como sea»”, Esa actitud ante el trabajo, en su despedida del clásico, es una marca de la artista que junto a Bocca llevó danza de excelencia a todos los públicos.