Hace días, caminando por una calle de Rosario divisé al conductor de un auto estirar la mano por la ventanilla del vehículo y arrojar un vasito de plástico, lleno o vacío, no se bien, ante la indiferencia de los transeúntes. Ese hecho, tan simple y de por sí negligente, me hizo recordar al escritor inglés H.J. Wells, quien encontrándose en Grecia, vio a dos muchachos que perseguían a una chica y la molestaban con bromas y otras actitudes desagradables. Eso le dio pie para escribir nada menos que la "Historia del mundo". De hecho, aunque el vasito, lleno o vacío, arrojado a la calle, muy poco tiene que ver con "La historia del mundo" de Wells, me hizo pensar en lo que podría ser la historia argentina de los últimos tiempos engendrada por los propios argentinos. Nuestros antepasados hicieron de nuestro país algo digno de destacarse, nosotros en cambio estamos mandando a la Argentina a las últimas posiciones en el concierto de las naciones serias del mundo, y eso tiene su explicación: los argentinos somos individualistas, egoístas, sin importar que existe una sociedad. En ese sentido, van de la mano las expresiones: "Yo hago la mía y los demás que se arreglen" o "los de afuera son de palo". El señor del vasito, lleno o vacío, entra con todos los de igual comportamiento desaprensivo, a formar la base de una pirámide, que se desarrolla en el medio, con todas las actitudes individuales e incorrectas, desde las faltas comunes hasta lo delictivo, junto a la inacción, entre ellos, de los que tendrían que poner orden y no lo hacen, porque su tiempo está ocupado en mejorar su imagen sonriendo para las próximas elecciones. En el tope de la pirámide está el gobierno, formado por argentinos, que como buenos argentinos, son igual o peor que el ciudadano común, con la diferencia que ellos tienen el poder y la plata, con lo cual hacen lo que se les da la gana, teniendo en cuenta que el hombre común lo acepta, aunque hay destacables excepciones, porque él haría lo mismo, en su lugar. Y así es fácil crear más pobres y crear más ricos. Ellos son los primeros en formar parte de esta última categoría. Hay muchos argentinos que viajan al exterior, donde existe el respeto mutuo y se asombran en forma positiva, ensalzando tal demostración y cuando vuelven al país se olvidan de lo que vieron, continuando su vida como verdaderos argentinos. No obstante, soy de la humilde opinión esperanzadora que esta situación puede cambiar. Haciendo algo imaginario podríamos ver, como en una película que retrocede, que el vasito de plástico lleno o vacío que arrojó aquel conductor vuelve a su mano y éste lo deposita en un cesto que tiene en su coche, para desperdicios, ante la mirada de gran cantidad de transeúntes, que no se asombran por el hecho, pero lo aplauden masivamente. Y esto sería el principio del renacimiento de una verdadera sociedad respetuosa.





























